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  Los Frailes Capuchinos de Totana y Santa Eulalia   (Pedro Hernández Cañizares)

El título de este artículo se puede prestar a malentendidos. Se impone, por lo tanto, precisar como necesidad primordial los límites de tiempo y contenido dentro de los cuales nos vamos a mover, así como entremezclar en ellos algunas observaciones metodológicas imprescindibles para entender este pequeño trabajo.

He de confesar, antes nada, que sólo dos motivos me han movido a escribir este artículo: mi amor, admiración y veneración, como buen totanero, a la niña Eulalia de Mérida, y mi reconocimiento y gratitud a mis hermanos los frailes capuchinos que han pasado por este convento, han vibrado al unísono con el pueblo en la devoción a Santa Eulalia, han trabajado mucho por ella, pero cuya labor no ha sido suficientemente valorada ni recompensada por ciertos estamentos con algunos detalles, como pudiera haber sido, entre otros, la bajada de la imagen de Santa Eulalia a la iglesia del convento con motivo del primer centenario de nuestra llegada aquí y en homenaje a ellos. Agradezco sinceramente al Ayuntamiento la sensibilidad y sintonía que, en nombre y representación del pueblo, ha mostrado a este respecto y, mientras llegan otros detalles (nunca se debe perder la esperanza), deseo que este breve artículo sea un cariñoso homenaje de reconocimiento y gratitud a Santa Eulalia y a cuantos hermanos míos capuchinos han pasado por aquí.

No trato en este artículo de dar una visión de conjunto orgánica y completa sobre los frailes capuchinos de Totana y la devoción a Santa Eulalia de Mérida. Me falta documentación para ello. Las crónicas del convento desaparecieron, por desgracia, en la Guerra Civil de 1936. Otras fuentes consultadas carecen de datos al respecto y no he podido dar, si existieran, con otros documentos que aportasen un poco de luz sobre el tema. Me limitaré, pues, a ofrecer algunos datos aislados y concretos, pero abriendo su contenido a horizontes más amplios, que nos harán entrever realidades vividas más allá de los mismos. Los datos históricos nos servirán, en este sentido, como puntos de referencia que nos descubrirán realidades más amplias.

Muchos de nosotros hemos asistido a esas misas solemnes del día de Santa Eulalia cantadas por los estudiantes de Filosofía (los coristas) mientras dicho colegio permaneció aquí. Recuerdo con cariño los innumerables ensayos de las misas polifónicas preparando la celebración eucarística en honor a la Patrona de todos los totaneros: los nacidos aquí y los venidos de fuera. Y también recuerdo con el mismo cariño la procesión de la tarde, con nuestro hábito, manto, tonsura, barba y sandalias, escoltando la carroza portadora de su imagen.

Pero no voy a hablar de todo este período de la posguerra, con altos y bajos muy pronunciados, dependiendo del número de moradores del convento y de otras circunstancias. Los escasos datos aportados (otros los dejo para posteriores ocasiones) van a estar limitados por los años 1899, año de nuestra llegada, y 1936, comienzo de la Guerra Civil.

La historia vivida y la historia narrada no tienen la misma longitud. La historia vivida posee más amplitud y matices que la vida historiada. Por eso, si es cierto que hemos de ser cautos a la hora de hacer afirmaciones sin base documental, también es cierto que existió más vida de cuanto hoy tiene base documental. Es necesario, pues, entender cuanto voy a decir desde esta perspectiva. De otro modo, empobreceríamos la vida misma y supondríamos al fraile menor capuchino como alguien ajeno al pueblo, cuando en realidad siempre ha existido una simbiosis especial entre los frailes del convento y los habitantes de esta bendita ciudad.

* * *

Es el año 1900. Los frailes capuchinos habían llegado en febrero de 1899. Los habitantes de la ciudad les dispensaron una acogida calurosa y se volcaron en ayudar económicamente antes, durante y después de la llegada a los nuevos moradores de su convento. Los frailes jamás lo olvidarían. Poco tiempo después, una comisión de caballeros pidió a los frailes que fundaran un colegio para dar educación a sus hijos. Así se hizo el día 4 de octubre de 1900. Fue necesario hacer un esfuerzo enorme con el fin de acomodar parte del edificio para la nueva institución. Y se acomodó, al menos en lo esencial. Durante todo este período de tiempo, los frailes, además de sostener el culto de su iglesia y trabajar pastoralmente en el pueblo, se dedicaron a una predicación desenfrenada dentro y fuera de los límites de la diócesis de Cartagena, que por aquel entonces también abarcaba Albacete. El P. Melchor de Benisa ya destacaba de entre todos por su fama de gran orador. En diciembre de este año se le "contrató" para predicar en la fiesta y novenario de Santa Eulalia. Una gran sensibilidad para con el pueblo, en épocas de tanta carestía, denota lo sucedido cuando fueron a pagarle los "honorarios" de su predicación, pese a nuestra inmerecida fama de ser siempre los pedigüeños:

" El regidor de la comisión de festejos D. Juan Miguel Marín da cuenta de que habiéndose personado en el Convento de San Buenaventura de esta villa para satisfacer las cien pesetas que figuran en la menta de los festejos tributados a la Patrona de este pueblo Sta. Eulalia de Mérida en el mes actual, o honorarios con que gratifica al orador sagrado que pronunció el panegírico de la Santa, Fray Melchor de Benisa, éste honroso hijo de San Francisco se ha negado en absoluto a recibir estipendio alguno o por su notabilísimo trabajo y el Ayuntamiento acuerda que se haga saber a tan digno ministro del Altísimo la complacencia y admiración con que oyó su elocuentísima y sabia palabra y así mismo que se le exprese su gratitud por su desprendimiento no queriendo aceptar la pequeña remuneración con que según costumbre de otros años se había querido retribuir su inestimable labor. Acuerdan además que dicha suma se admita como donativo que se hace a los fondos municipales ".(1)

El P. Melchor debió predicar a Santa Eulalia en alguna o algunas ocasiones más, tanto antes como después de su estancia en Roma. Alfonso XIII le concedió el título de "Predicador Real" a raíz de la velada necrológica en honor de Menéndez Pelayo, celebrada en Madrid el día 4 de junio de 1912, donde compartió cátedra, en presencia de los Reyes, con los señores Pidal y Maura y Montaner. Totana tenía en casa uno de los oradores más afamados de entonces y no es descabellado suponer que aprovecharía esta circunstancia. Lo mismo sucedería con otros frailes del convento, también afamados predicadores: PP. Eugenio de Valencia, Gonzalo de Benejama, Segismundo del Real de Gandía, Fidel de Benisa, Jesús de Orihuela, Leonardo de Bañeres, Rafael de Novelé... por citar algunos.

El P. Melchor de Benisa volvió a fijar su residencia en Totana en 1932, una vez acabado su servicio como ministro general de la Orden con sede en Roma. En diciembre de ese mismo año predicó la novena de la Inmaculada Concepción en Denia (Alicante). Ese mismo año estaba "contratado" también para predicar la misa solemne de Santa Eulalia en Totana. Regresó de Denia a Totana para cumplir su cometido, pero vino enfermo. No sé si predicó o no, pero este hecho avala cuanto llevo escribiendo. El periódico "Fraternidad" publicó así la noticia:

"A la hora de entrar en máquina este número nos enteramos que el Rvmo. P Melchor de Benisa, que había de predicar en la misa solemne de Santa Eulalia, se encuentra en cama, aunque por fortuna no es de cuidado, esperando que de mejorarse podrá predicar esta mañana.
Hacemos votos por su pronta recuperación."(2)

* * *

Año 1916. Europa estaba enzarzada en una guerra devastadora con escasos visos de solución. Los franciscanos celebraban también en este año el séptimo centenario de la Indulgencia de la Porciúncula. El P. Leonardo de Bañeres era el director de la Venerable Orden Tercera de Totana. A propuesta de éste, dicha Venerable Orden organizó una peregrinación a La Santa con el fin de celebrar el séptimo centenario de la Porciúncula e impetrar de Dios por intercesión de Santa Eulalia el cese de la guerra europea. La peregrinación fue un éxito, como no podía ser menos tratándose de un lugar con tanto imán para los totaneros. Día señalado: 1 de noviembre.

Antes de ese día se caldeó el ambiente. Se repartieron programas, se invitó a las autoridades civiles y eclesiásticas, también al vecino pueblo de Aledo, y se prepararon las conciencias con horas de confesión interminables.

La peregrinación partió a las seis en punto de la mañana de la iglesia del convento. Formados de cuatro en fondo y en devota procesión, con los estandartes de todas las asociaciones religiosas y presidiendo la imagen de San Francisco portada por terciarios, se llegó hasta el "Rulo" cantando la Corona Franciscana. Este era precisamente uno de los atractivos: llevar la imagen de San Francisco desde el convento hasta La Santa, colocarla junto al trono de la Patrona y orar ante los dos juntos por la paz europea. Llegados al "Rulo", se disolvió la procesión y todos en grupo, con la imagen de San Francisco en medio, prosiguieron camino de La Santa. Al llegar allí ya estaban esperando los peregrinos de Aledo. El encuentro fue emocionante. A partir de aquí, misa de campaña en donde se repartieron más de 4.000 comuniones. Desayuno. Misa solemne, con sermón a cargo del P. Jesús de Orihuela. Colocación de una lápida conmemorativa del acto en el interior del Santuario. Comida. Hora santa. Asamblea de Terciarios con alocución final del P. Melchor de Benisa, que también leyó un telegrama dirigido al secretario de Estado de Su Santidad con motivo del acto y la contestación del Santo Padre. Las crónicas hablan de más de 5.000 asistentes a este acto maravilloso.

A las cinco y media de la tarde comenzaron a desfilar los peregrinos de Aledo, entonando piadosos cánticos. Acto seguido lo hicieron los de Totana. La entrada a dicha población fue devotísima. Multitud de vecinos salieron a recibir a los peregrinos; los alumnos internos del colegio San Buenaventura también salieron al encuentro y formaron escolta alrededor de la imagen de San Francisco. Las campanas saludaban a los peregrinos, que, llegados a la iglesia del convento, prorrumpieron en atronadores vivas dándose por terminado el acto. (3)

* * *

Año 1926. La peregrinación anterior no fue la única vez que los frailes reunieron a los totaneros en torno a Santa Eulalia. Hubo muchas otras. De entre ellas subrayo una con mucha constancia documental y celebrada también por motivos excepcionales. Fue la peregrinación del día 14 de septiembre de 1926. Pero esta vez no la convocaron los frailes. La convocó D. Luis Martínez González, mayordomo de La Santa, cuando éste tenía las atribuciones adecuadas en todo lo relacionado con ella y su Santuario. Motivos: contribuir a las fiestas u homenajes que la Iglesia Universal dedicó a San Francisco con motivo del séptimo centenario de su muerte; aprovechar la estancia del P. Melchor de Benisa, recién elegido ministro general de la Orden e Hijo Adoptivo del pueblo, en Totana, y, por último, aunque éste no es oficial, honrar la memoria de su madre, Dª Antonia González Valenzuela, que murió el día 4 de octubre de 1911, siendo ministra de la Venerable Orden Tercera y presidenta de la sección de señoras catequistas de nuestro convento.

En el Santuario de Santa Eulalia hubo desde siempre un altar dedicado a San Francisco. Allí estuvo la imagen del santo más de dos siglos, pero últimamente se había sustituido por un cuadro de la Virgen de los Dolores. D. Luis se percató de que este año era una ocasión excepcional cara devolver al humilde santo de Asís el puesto de honor que siempre le había correspondido como huésped del Santuario de Santa Eulalia. Y así lo hizo. Encargó una imagen de talla al escultor valenciano Ponsoda, hizo algunos arreglos de relativa importancia en el altar y esperó la venida del P. Melchor, con quien le unía una gran amistad, para que el acontecimiento tuviera el marco más adecuado y solemne.

La fiesta fue anunciada con anterioridad con una hoja impresa. La carretera de La Santa fue un hormigueo continuo desde las primeras horas del día señalado para la celebración. El P. Melchor de Benisa llegó en automóvil a las diez y media de la mañana, siendo recibido con el repique de las campanas y los aplausos de la multitud. Después de un ligero descanso comenzó la celebración con la bendición de la nueva imagen de San Francisco. El P. Agustín de Albocácer celebró a continuación la misa y, al final de ella, subió al púlpito el P. general y pronunció un sermón de los que hacen época.
El acto de la tarde comenzó a las cinco. Sermón del P. Laureano de Masamagrell, exposición del Santísimo, tedéum y reserva.

Y acaba el cronista:

"Resumiendo: fue un día apacible, de santas emociones y de franco espíritu franciscano en el que el pueblo de Totana manifestó su afecto a su Patrona la mártir Santa Eulalia, a nuestro Padre San Francisco y también a nuestro Reverendísimo Padre General". (4)

* * *

El P. Agustín de Albocácer nació en dicho pueblo el día 15 de octubre de 1879. Vistió el hábito capuchino en Masamagrell (Valencia) el día 1 de enero de 1896 y allí mismo hizo la profesión de votos temporales el 3 de enero de 1897. Emitió la profesión de votos perpetuos en Totana el día 6 de enero de 1900 y se ordenó sacerdote en Segorbe (Castellón) el día 19 de diciembre de 1903. Fue profesor del colegio de San Buenaventura de Totana desde 1905 hasta 1936. Fue también vicedirector de la revista "Florecillas de San Francisco" desde 1912 hasta 1917 y director de la misma desde 1917 hasta 1936. Murió en Valencia el día 14 de febrero de 1954. La mayor parte de su vida estuvo ligada, pues, al convento de Totana.

El P. Agustín de Albocácer, además de excelente profesor, fue un articulista prolífico y, sobre todo, un entendido en arte. Como tal fue colaborador en las revistas especializadas en la materia, como "Coleccionismo", Madrid 1916-1922, en donde publicó una serie de veintidós artículos con el título "Mis colecciones iconográficas"; y "Orient", Carcassone 1923-1924, en donde publicó una serie de seis artículos bajo el título de "Saint Francois et les grands peintres espagnols"; además de los innumerables artículos publicados en "Florecillas".

Si gran parte de la vida del P. Agustín estuvo ligada a Totana es lógico que no pudiera permanecer ajeno a su entorno como entendido en arte. Por eso, no quería acabar este breve paseo por la historia de los frailes capuchinos en Totana y Santa Eulalia sin hacer mención de dos artículos del P. Agustín referidos al tema.

El primero se titula "Las pinturas franciscanas en La Santa de Totana" publicado primero en "Florecillas de San Francisco" (5), y después, con ligeras variantes, en el número extraordinario de "Fraternidad" dedicado a la fiesta de Santa Eulalia en diciembre de 1931. No voy a transcribir aquí ni todo ni parte de este artículo, que me parece muy interesante para situar mucho mejor en el tiempo las pinturas del Santuario de Totana, así como conocer otros aspectos de las mismas. Pero me parecía obligado hacer referencia a este tema, que tanta relación dice con lo que estamos tratando.

El segundo artículo se titula "El Cristo del Consuelo y Santa Eulalia" y fue publicado en el periódico "Fraternidad". (6) En este artículo se fija la atención más bien en aspectos históricos que artísticos y, por ello, no creo necesario hacer algún comentario, sino sólo consignarlo.

No quiero cerrar este artículo sin lanzar también una hipótesis que, de ser cierta, afectaría al tema que nos ocupa y entraría también dentro del aspecto artístico. He leído varias poesías, sobre todo en el periódico "Fraternidad", firmados por A. D'Eusa, y siempre me ha picado la curiosidad de saber quién sería el autor. Cuanto voy a decir es, a lo peor, un disparate que demostraría mi ignorancia y atrevimiento, pero lo daría por bien empleado si me ayuda a conocer el personaje, porque siempre he sospechado que sería una firma bajo pseudónimo.

Indagando hace poco y por otro asunto sobre la vida de algunos frailes de este convento me encontré con la sorpresa, coincidencia, casualidad... o no sabría cómo llamarlo o no sé si es todo a la vez, del siguiente hecho. Trataba de conocer la vida del P. Federico de Almoines, que fue profesor del colegio de San Buenaventura de Totana desde 1925 hasta 1935. Este es también un hombre prolífico y polifacético: escritor, literato, músico, poeta... Pues bien, su nombre civil es Antonio Vicente Gregori Deusa.

Enseguida me acordé del autor de las poesías, pues la inicial del nombre y el último apellido coinciden exactamente: A. D'Eusa, con la excepción de la tilde entre la D y la E del apellido. ¿Es el P. Federico de Almoines el autor de las poesías? Por si lo es quiero acabar este artículo con unos versos suyos titulados "Romance de la fiesta", aparecidos en "Fraternidad" con motivo de la fiesta de Santa Eulalia de 1933.

 

ROMANCE DE LA FIESTA

I

Mañanita, mañanita
Sobre la sierra y el val,
Cuando baja Santa Eulalia
A su querida ciudad.
Mañanita que sonríes
Como una boca ideal,
Cuando los ojos divisan
Lo que el alma va a buscar.
De su nido de la sierra,
Mansión grata de la paz,
Santa Eulalia es la avecilla
Que se ha lanzado a volar
Ya viene por los caminos
Y las sombras del pinar,
Y florece con su túnica
Sobre el verde naranjal.
Y le acompañan las fuentes
Con su fresca claridad,
Porque es el agua como Ella
Limpia estrofa de la paz.
¡Bendita virgen de España,
gloria de esta tu ciudad,
como un clavel en su pecho
Te abres en fiesta ideal!
Vientecillo de la sierra
Sobre el fresco naranjal
Juventud de los muchachos
Que el sol de ilusiones vibra
¿No sentís que el alma toda
Se os vuela hoy hacia arriba?

* * *

Ya se ha bajado a su pueblo,
Desde la alta serranía,
La Patrona de estos valles,
Amor que todo lo anima.
Lleva en sus manos un libro,
Libro de oro de fe viva,
Que, al reflejo de la aurora,
Lee la ciudad querida.
Y en sus páginas doradas
No hay ninguna letra escrita,
Que en un corazón amante
Hay sin versos poesía.
En las manos de la Santa
-Oro y luz, libro de vida-
Va el corazón de Totana,
Cantando gestas divinas.
Le acompañan los querubines
Con su divina sonrisa,
Y le alegran, por si ingrato,
Algún hijo no la mira
¡Pero no...! Jamás el alma
De esta tu ciudad querida
Dejará de bendecirte,
Ya agitando la sombrilla
De esmeralda y azahar;
Y las hierbas del camino
Y el esbelto palmeral
Son aplausos de los campos
A la Patrona sin par.

 

II

Zagalillas que graciosas
Fuisteis caminito arriba
¿Por qué florecen los labios
En deliciosa sonrisa?
Jóvenes encantadoras,
De rica seda vestidas,
¿Qué estrellas llevan los ojos
Sobre la cara bonita?
 
¡Oh Santa Eulalia bendita!
Te acompaña este tu pueblo
En la alegre mañanita,
Cuando bajas de la sierra,
Cual ramo de siemprevivas;
Te acompaña por las calles
La cristiana comitiva,
Cuando el aplauso y la música
En lágrimas cristaliza.
Mañanita, luz de aurora;
Claro sol de mediodía;
Fiesta del pueblo que alegre
Dice el sentir de su dicha;
Juventudes sonrientes,
Y edades que os vais de prisa,
Cantad, cantad ala Virgen,
A Santa Eulalia bendita...!

A. D'EUSA

1/9/2001


 
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