Martes de la 2ª semana de Cuaresma
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis. Vosotros rezad así: «Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno». Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas . (Mateo 6,7-15). 1. La Palabra de Dios nos va orientando para vivir la cuaresma provechosamente. Ayer el Señor nos recordaba que debemos amar y servir a los necesitados, porque él está en ellos. Hoy nos enseña a orar, algo esencial en la vida cristiana. San Alfonso Mª de Ligorio dice el que ora se salva. Por eso hemos de pedir al Señor, en esta cuaresma, que despierte en nosotros la necesidad de buscar el encuentro con Dios en la oración. Desgraciadamente la oración es algo que muchos cristianos abandonamos con demasiada facilidad. Andamos tan ocupados en las cosas, que nos queda poco tiempo para ponernos delante del Señor y orar. Si nuestra vida no camina más intensamente por los caminos del evangelio, ¿no será que no oramos lo suficiente? Lo que Benedicto XVI dijo a los jóvenes debemos aplicárnoslo nosotros en este tiempo de cuaresma: “Abrid vuestro corazón a Dios. Dejaos sorprender por Cristo. Dadle el derecho a hablaros durante estos días. Abrid las puertas de vuestra libertad a su amor misericordioso.” 2. Lo primero que dice Jesús es que, cuando oremos, no lo hagamos al estilo de los paganos. Es decir, que no nos quedemos palabrerías. Orar no es hablar y hablar para convencer o ganarnos a Dios. Nosotros tenemos la inmensa suerte de tener ganado a Dios de antemano. El nos quiero como a hijos suyos, y está siempre a nuestro favor. Sta. Teresa de Jesús dice que “orar no es otra cosa que tratar de amistad, estando muchas veces tratando con quien sabemos que nos ama.” Y hablando de la oración, el Catecismo de la Iglesia Católica dice que a nosotros nos pasa lo que a la samaritana: que vamos a buscar nuestra agua, y nos encontramos con que Jesús se nos ha adelantado y nos espera allí y es él el que nos pide de beber: “Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de él.” Señor, dame esa sed de ti. Que me encuentre contigo en el “pozo” de esta cuaresma. 3. Finalmente Jesús nos entrega el Padrenuestro. Esa oración entrañable, en la que nos enseña a ponernos ante Dios con una actitud filial y confiada, como él hacía, y con una actitud fraterna ante los hombres, pues todos somos hijos del mismo Padre. Y a pedir lo mejor que podemos desear para nosotros y para el mundo: que Dios sea realmente Señor, que se instaure en plenitud el Reino de Dios, ese reino del amor, de la paz, de la justicia y de la vida, iniciado por Jesús: «Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno». ¡Cuántas veces lo he rezado y lo rezo! Pero ¿es lo que vivo, deseo y busco? ¿Lo rezo sin mentir? Hoy, Señor, quiero examinar mi vida a la luz de este texto de autor desconocido: No digas Padre, si cada día no te comportas como un hijo. No digas nuestro, si vives aislado en tu egoísmo. No digas que estás en el cielo, si sólo piensas en las cosas terrenales. No digas santificado sea tu nombre, si no lo honras. No digas venga a nosotros tu reino, si lo confundes con el éxito material. No digas hágase tu voluntad, si no la aceptas cuando es dolorosa. No digas danos hoy nuestro pan de cada día, si no te preocupas por la gente que tiene hambre. No digas perdona nuestras ofensas, si guardas rencor a tu hermano. No digas líbranos del mal, si no tomas partido contra el mal. No digas amén, si no has tomado en serio las palabras del Padre Nuestro.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
12/02/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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