Domingo 4º del Tiempo Ordinario A

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 4º del Tiempo Ordinario A
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: -«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.» (Mateo 5, 1-12)

  1. Uno de los deseos más profundamente sentidos por todos es el de ser felices. Y cuando la gente habla de felicidad, normalmente piensa en poder, en honores, en comodidades, en ser apreciados por los demás, etc. Y, como se piensa que todo eso lo da la riqueza, eso es lo que se anhela y busca. Tanto se anhela que, para conseguirla, a muchos no les importa el modo. ¿Resultado? Una sociedad en la que la gente tiene más cosas, pero no es más feliz: sigue sufriendo, viviendo en la desdicha, y hasta en la angustia, en el hastío y la depresión muchas veces... ¿Qué ocurre? Que buscamos la felicidad donde no está; que pedimos la dicha a lo que no puede dárnosla.
  1. Hoy el Señor nos proclama las Bienaventuranzas, que inauguran el llamado Sermón de la Montaña. En ellas Jesús nos presenta un camino para la felicidad y la dicha: “Dichoso los pobres... Dichosos los que lloran... Dichosos los sufridos... Dichosos los limpios de corazón... Dichosos los misericordiosos... Dichosos.... Dichosos...” ¡Cuántas veces hemos escuchado estos “dichosos”...! Pero no terminamos de creérnoslos. No nos fiamos del Señor. Porque escuchamos las Bienaventuranzas como una serie de normas que nos impone el Señor, como una carga demasiado pesada. Cuando son una buena noticia de dicha y de libertad. El Señor lo que nos dice es esto: “queréis ser felices, dichosos, y buscáis la felicidad con ahínco, pero ¿en qué la buscáis?... La mayoría pensamos que la dicha está en las riquezas, y cuando nos faltan, nos angustiamos. Pensamos que la dicha está en no sufrir, y resulta que no podemos librarnos del sufrimiento... Pensamos que la dicha está en ser más que los demás, y por eso somos duros, y juzgamos y despreciamos a los demás, y no queremos perdonar... No, la dicha no está en nada de eso. Está en acoger el Reino de Dios. Si lo acogiéramos, no viviríais tan angustiados por no tener dinero, y experimentaríamos que ni el sufrimiento nos roba la paz y la felicidad, y no nos importaría tanto que nos traten mejor o peor, etc. ¿No es eso lo que vemos en los que se han fiado de Dios y han acogido el Reino, y han vivido las Bienaventuranzas?

3. Miremos, por ejemplo, a Francisco de Asís, a Teresa de Calcuta, a Juan Pablo II y a tantos otros, que no han buscado su propio bienestar sino que han vivido para los demás, ¿quién puede decir que no han sido personas verdaderamente felices y dichosas? Y no pensemos que el camino de las Bienaventuranzas es sólo para algunos . Dice Juan Ant. Pagola: “Las Bienaventuranzas de Jesús no son un programa diseñado para personas piadosas y sacrificadas sino que plantean de manera provocativa el estilo de vida de quien busca de verdad la felicidad de todos. ¿Qué sucedería si acertáramos a vivir con un corazón más sencillo y transparente, sin tanto afán de posesión, más atentos a los que sufren, con hambre y sed de justicia, trabajando siempre por la paz, soportando el peso de la vida con mansedumbre? Sencillamente, estaríamos construyendo un mundo más digno y feliz para todos.” Señor, te pido la gracia de comprender hoy que no hay camino para la dicha mejor que el tuyo; que me fíe de ti y que me arriesgarme a caminar por tu camino de las Bienaventuranzas.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

03/02/2008


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