Viernes 1ª semana de Adviento

Paso la palabra. Para meditar cada día
Viernes 1ª semana de Adviento
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando: "Ten compasión de nosotros, hijo de David." Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: "¿Creéis que puedo hacerlo?" Contestaron: "Sí, Señor." Entonces les tocó los ojos, diciendo: "Que os suceda conforme a vuestra fe." Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: "¡Cuidado con que lo sepa alguien!" Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca. (Mateo 9,27-31).

  1. Adviento es tiempo de búsqueda del Salvador, de gritar al Señor que venga a salvarnos: “Ven, Señor Jesús,” es el grito repetido de la liturgia. Es lo que hacen los dos ciegos del evangelio de hoy: "Ten compasión de nosotros, hijo de David", gritan. Observemos que no piden ser curados; sólo piden que tenga compasión de ellos. Es lo decisivo: que el Señor vuelva su rostro misericordioso sobre nosotros, porque la liberación de nuestros males llegará también. Cuando llegan a casa Jesús les pregunta si creen que puede curarlos, y la repuesta es tajante, firme, segura: «Sí, Señor». Y ante tal fe, ante confianza tan segura, la compasión se hace sanación, liberación del mal: “Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que os suceda conforme a vuestra fe». Y se les abrieron los ojos”. Dos ciegos, Señor, que ni te habían visto ni habían presenciado tus milagros, que, iluminados por la luz de la fe, “vieron” lo que otros no “vieron”: que eras el Mesías, el Salvador esperado. Que, a la luz de la fe, Señor, yo te descubra como mi Salvador, el que único que puede liberarme.
  1. Siempre que alguien acude a Jesús le pide lo mismo: que crea, es decir, fe, adhesión, confianza segura en él. Sólo la falta de fe puede atar sus manos: “Y no pudo hacer ningún signo porque no creían”, constatan los evangelistas en esas ocasiones. Es lo que nos pide hoy el Señor: creer, confiar en él, en su bondad y en su poder misericordioso. Tal vez, al mirar nuestra vida con más detención en estos días de Adviento, nos descubrimos pecadores, esclavos del egoísmo, de la soberbia, de caprichos tontos, de nuestros planes que no son los planes de Dios, que seguimos dando culto en nuestro corazón a muchos “dioses” que no son Dios… La tentación a veces es creer que no tenemos remedio. Y bien sé, Señor, que dejado a mis solas fuerzas así sería. Pero ten piedad y ábreme los ojos del corazón para que vea que tú eres misericordia poderosa y vienes a salvarme. Que crea, Señor, que confíe en que, cuando tú nos tocas, haces que nos suceda conforme a nuestra fe.
  1. Señor, meditando esto, hoy siento necesidad de gritarte como los ciegos: Ten compasión de mí, Hijo de David. Ten compasión y abre los ojos de mi corazón, para que descubra mi mezquindad contigo y con los demás. Que descubra, Señor, que sentado en la mediocridad estoy cómodo, pero no soy feliz. Que vea claro qué quieres de mí y que lo acepte. Que en este Adviento descubra cómo servirte a ti más y mejor y cómo hacer lo mismo con mis hermanos. Que, en cada momento, descubra el camino de salvación que quieres que recorra. Que vea –como dice uno de los prefacios de Adviento- que tú vienes “ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento.” Sí, ten piedad de mí, Hijo de David que vienes: creo que puedes hacerlo, y confío, con todo mi corazón, que lo harás.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

07/12/2007


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