Miércoles de la 1ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles de la 1ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: "Todo el mundo te busca". El les respondió: "Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido". Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios. (Marcos 1, 29-39)

  1. Hoy san Marcos nos presenta algo así como la crónica de un día de la vida de Jesús: Predica, obra, ora. Jesús ha anunciado que el Reino está presente, y lo va mostrando con sus actuaciones en favor de los sufren. Concretamente hoy vemos que cura a la suegra de Pedro, y otros muchos enfermos que le llevan se sienten liberados de los males que sufren: “Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios”, resume san Marcos. Esta autoridad de Jesús sobre la enfermedad y malos espíritus muestra  que Dios, por medio de él,  está obrando la salvación, está dominando el mal -tanto físico como moral- que atenaza a los hombres. Señor, hoy también yo me acerco a ti y te pido que me cures de todos los “males” y “fiebres” que me impiden entregarme a Dios y a los demás. Acércate a mí y cógeme de la mano y mándame que me levante y que, como la suegra de Pedro, pueda ponerme a servirte a ti y a mis hermanos.

  1. Hoy nos toca a nosotros, los cristianos, continuar la obra de Cristo: anunciar el Reino de Dios y trabajar en favor de los que lo necesitan, ayudándoles a salir de las situaciones de sufrimiento en que se encuentran. Señor, líbranos de la comodidad y del egoísmo que nos impiden realizar tu encargo. Ábrenos los ojos y el corazón para que veamos a los hermanos que sufren -por la causa que sea- , pero que no nos quedemos mirando y protestando por lo mal que está el mundo, sino que nos acerquemos a ellos y nos pongamos manos a la obra para hacer cuanto sea posible para librarles -o al menos aliviarles- su sufrimiento o desdicha.

  1. Además de predicar y curar Jesús oraba: “Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.” ¡Qué bien supo el Señor unir la acción con la oración, el estar con los hombres y el estar con Dios! Predicar y atender a la gente era importante para él. Pero también lo era el encuentro con el Padre en la oración. Por eso sabe cortar toda actividad, y alejarse del bullicio y  ajetreo y retirarse al descampado, al silencio, para orar. Es algo que necesitamos aprender del Señor: saber cortar la actividad para retirarnos a orar. A veces decimos: no tengo tiempo para orar, porque tengo muchas cosas que hacer. Y olvidamos que,  entre las cosas que tiene que hacer el cristiano, el apóstol, el religioso, está el orar, el ponerse a la escucha de Dios. ¿Cómo hablaremos de Dios, si no escuchamos a Dios? ¿Cómo haremos las obras de Dios, si no estamos unidos a Dios? San Francisco de Asís lo comprendió muy bien, por eso decía a sus frailes que «trabajen fiel y devotamente…, pero  sin apagar el espíritu de la santa oración y devoción, a cuyo servicio deben estar las demás cosas temporales». Y Atilano Alaiz dice: “toda actividad, sea misionera o profana, que no pasa por la oración, corre el peligro de convertirse en una activismo desbocado que erosiona a la persona y empobrece su acción”.  Y esto vale para todo cristiano –sea religioso o laico- que quiera vivir su fe en profundidad y ser auténtico testigo de Cristo. Señor, que no lo olvide nunca.

 

 

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

16/01/2008


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