Domingo después de Epifanía – Bautismo del Señor A
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo, diciéndole: -«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?» Jesús le contestó: -«Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere. » Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. y vino una voz del cielo que decía: -«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. (Mateo 3, 13-17) 1. El bautismo viene a ser el pórtico de la vida pública de Jesús. En el evangelio vemos que es presentado por el Padre como el Mesías, el Ungido de Dios: -«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto”. En adelante en su Palabra y en sus hechos se manifestará Dios actuando: anunciando un mensaje de salvación, sanando, perdonando, liberando a los hombres del mal. Durante el año acompañémosle, escuchémosle, mirémosle, para aprender a ser hijos de Dios. Para crecer como hijos de Dios. ¡Qué bueno, Señor, si el Padre pudiera reconocer en mí los rasgos tuyos, tu fisonomía, y proclamar sobre mí: éste es mi hijo, el amado, mi predilecto. 2. San Cirilo de Jerusalén dice: «Si tú tienes una piedad sincera, sobre ti descenderá también el Espíritu Santo y oirás la voz del Padre que viene de lo alto: Éste no era mi hijo, pero ahora, después del Bautismo, ha sido hecho hijo mío’». Hoy recordemos y agradezcamos la gracia del bautismo y renovemos nuestros compromisos bautismales. En el bautismo, por el agua y el Espíritu, fuimos engendrados a una vida nueva, la de hijos de Dios. ¿Qué don mayor podíamos esperar? Gratuitamente, sin ningún mérito nuestro, Dios nos ha mirado con amor y nos ha elegido y nos ha investido de esa dignidad. ¿ Nos sentimos amados incondicionalmente por Dios, siempre y en todas las circunstancias, hemos sido agradecidos?... Si bien lo pienso, Padre, ¡qué pocas veces te he dado gracias! Pero, sobre todo, ¡cuántas veces no he vivido como hijo tuyo! Por eso, hoy quiero darte gracias y bendecirte por tu inmensa bondad. Aviva en mí, Padre, el ánimo, el deseo y el propósito de vivir como hijo tuyo. Según vivió Jesús. 3. Al hacernos hijos por el bautismo, Dios nos ha elegido y consagrado, y nos ha dado el Espíritu del Hijo y nos ha destinado a vivir la vida de Cristo, el Hijo. Y a continuar su obra: a proclamar a todos que Dios es nuestro Padre, que nos ama y nos quiere y se preocupa de todos, sobre todo, de los más pobres y necesitados. Señor Jesús, enséñanos a vivir como hijos de Dios: a amar al Padre y a los demás, como tú los amabas; a aceptar siempre la voluntad del Padre; a pasar haciendo el bien a todos y a servir y no buscar ser servido. Señor Jesús, que dedique tiempo, en la oración, a escucharte, a mirarte, a contemplarte para aprender de ti y dejarme cambiar, hasta el punto de que mi vida y mis obras reflejen el amor del Padre, como tu vida y tus obras lo reflejaron.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
13/01/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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