Miércoles 1ª semana de Adviento

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles 1ª semana de Adviento
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, Jesús, bordeando el lago de Galilea, subió al monte y se sentó en él. Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los echaban a sus pies, y él los curaba. La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y dieron gloria al Dios de Israel. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: - Me da lástima de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino. Los discípulos le preguntaron: - ¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente? Jesús les preguntó: - ¿Cuántos panes tenéis? Ellos contestaron: - Siete y unos pocos peces. Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete cestas llenas. ( Mateo 15,29-37 ).

  1. En el evangelio de hoy vemos a mucha gente que acude a Jesús. Le llevan toda clase de enfermos, y él los cura. Es lo que hará siempre cuando se encuentra con el dolor y el sufrimiento: no mira sólo y se queda en la lástima, sino que se pone manos a la obra y les cura, les libera y les devuelve la ilusión y la esperanza. Así muestra que la gran misericordia de Dios está con el pueblo. Así lo entiende la gente... “ y dieron gloria al Dios de Israel .” Señor, como aquellas gentes, en este Adviento, quiero acudir a ti con todo lo que me esclaviza: con esta ceguera que me impide descubrir tu amor que me rodea por todas partes; con esta sordera que me imposibilita escuchar tu Palabra, que me llama a la conversión; con esta mudez que no me impide dar una palabra de consuelo y aliento y esperanza a los hermanos que lo necesitan. Mírame con ojos de misericordia, Señor, y cúrame.
  1. Aquella gente había seguido a Jesús con tanto entusiasmo que hasta de la comida se han olvidado. En Jesús han descubierto a Alguien que es más importante que lo material. Pero el amor del Señor está en todo, advierte su necesidad y dice a los discípulos: “Me da lástima de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer”. Y tampoco ahora se queda en la mera compasión. Pasa a la acción. Es una lección que quiero aprender y pedirte en este tiempo de gracia del Adviento, Señor: enséñame a mirar a la gente, a mirar a cada persona, con la que me encuentre, con ojos compasivos como los tuyos, con mirada capaz de descubrir su necesidad de ayuda, de amor y comprensión. Y después, que me ponga a hacer lo que esté en mi mano para buscar la solución. Aunque ello me complique la vida.
     
  2. Ante el interés por la gente hambrienta, los discípulos -prudentes, calculadores, como lo somos nosotros también tantas veces- se inquietan: ¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?” Jesús les pregunta: "¿Cuántos panes tenéis”. Siete y unos pocos peces ,”-contestan-. Poco era, pero el Señor les pide sólo lo que tienen. Y ellos abren sus bolsas y lo ponen a disposición del Maestro. Y “comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete cestas llenas. Si, ante las necesidades que vemos a nuestro alrededor, cada uno hiciéramos “lo poco” que podemos hacer y compartiéramos “lo poco” que tenemos, ¿no se solucionarían muchos problemas? El Señor no pide que lo solucionemos todo. Sólo, que hagamos lo que podemos. Él hará lo demás. ¡Cuántas cosas cambiarían, Señor, si actuáramos así, y no nos escondiéramos detrás de “nuestro poco”! Ven, Señor, cambia mi corazón tan mezquino y comodón. Que, ante las necesidades de los demás, actúe enseguida y muestre con mis obras que la misericordia de Dios sigue actuando en el mundo, como cuando tú andabas por él.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

05/12/2007


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