8 de enero

Paso la palabra. Para meditar cada día
8 de enero
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor... En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados .(1Jn 4, 7-10)

En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma. Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: - «Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer.» El les replicó: - «Dadles vosotros de comer.» Ellos le preguntaron: - «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?» Él les dijo: - «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.» Cuando lo averiguaron le dijeron: - «Cinco, y dos peces.» Él les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres. (Marcos 6, 34-44).

1. Continúa San Juan hablándonos de cómo vivir como hijos de Dios: “Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios.... porque Dios es amor.” Así de claro. Los que hemos nacido de Dios tenemos que amarnos, porque Dios es amor. Dios consiste en amar, Dios sólo sabe y puede amar. Por eso, ¿cómo el que ha nacido de Dios no va amar? Sólo si amamos estamos en consonancia con lo que somos: hijos de Dios. Cristiano es el que cree en el Amor y se sabe amado por Dios y ama. Nosotros ¿somos en verdad cristianos?; ¿nos sabemos amados por Dios?; ¿amamos? Desgraciadamente, Señor, hay cristianos que te tienen más como el Dios que nos manda que como el Dios que nos ama. De ahí que, para ellos, tu evangelio sea carga y no, liberación; sea yugo y no, Buena Noticia. ¡Qué distinto, es todo, Señor, cuando uno llega a “gustar” tu amor; cuando te descubre como el Dios Padre-Madre que es Amor! Haznos gustar ese amor, Señor, que entonces nuestras vidas de cristianos se llenarán de la alegría y el gozo del amor.

2. En el evangelio se nos presenta a Jesús amando y entregándose. Jesús es el regalo que nos ha hecho el Dios-Amor. Toda su vida fue amar. Hoy vemos que ha planeado retirarse a descansar con los suyos, porque “eran tantos los que iban y venían que ni para comer les dejaban tiempo.” Se embarca para ir a un lugar tranquilo. Pero, cuando llegan, se encuentra con que le espera una gran multitud. Y su corazón se estremece: “Le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor“. Y renuncia al descanso necesitado y planeado, y comienza a enseñarles, a darles el Pan de su Palabra. Eso es amar: no pensar en lo mío, en mis planes, en mi cansancio. Ante la necesidad y el sufrimiento de la gente, Jesús siempre responderá así. ¡Qué diferente es mi actitud, Señor! Me piden ayuda, veo el sufrimiento, la soledad, la necesidad del hermano, y en mí puede más la comodidad, el cansancio, mi miedo a complicarme la vida, mis planes... que le necesidad del otro. Y no respondo a las demandas de los hermanos necesitados... ¡De qué manera tan diferente obrabas tú, Señor! Cambia este corazón egoísta y hazlo, al menos, algo más semejante al tuyo.

3. Finalmente, en el evangelio de hoy, vemos otra actitud de amor en Jesús. La gente le ha seguido y, embebida en su Palabrea, ni se han dado cuenta de que es tarde y no tienen qué comer. Los discípulos pretenden que los despida para que busquen qué comer. Jesús les sugiere que les den de comer ellos, pero dicen que es difícil conseguir pan para tantos. Jesús pregunta: - «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.» Responden: «Cinco, y dos peces.» Y esos pocos y pececillos, entregados por los discípulos y bendecidos por Jesús, bastaron para que se saciaran todos y sobrara. ¡Qué estupendo banquete aquél! Seguro que el corazón de los participantes se estremecería cada vez que lo recordaran. Sin embargo, Señor, aquello no era más que anticipo de un banquete mejor, el de la última cena con tus discípulos. Y del que preparas para nosotros, los que te seguimos hoy, cuando nos invitas al banquete de la Eucaristía, donde te nos das tú mismo como Palabra de Vida y Pan de Vida. Señor, que en cada eucaristía, viendo lo que haces tú, aprendamos a partirnos y entregarnos a los hermanos, y a partir y compartir nuestro pan material con los hambrientos de hoy.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

08/01/2008


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