4 de enero

Paso la palabra. Para meditar cada día
4 de enero
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dijo:- Éste es el cordero de Dios. Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó:- ¿Qué buscáis? Ellos le contestaron: - Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives? Él les dijo: - Venid y lo veréis. Entonces fueron; vieron dónde vivía, y se quedaron con el aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encontró primero a su hermano Simón y le dijo: - Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: - Tú eres Simón el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que significa Pedro). ( Juan 1, 35-42)

  1. Aquellos hombres escuchan el testimonio del Bautista sobre Jesús y se van detrás él. Jesús les pregunta: “¿Qué buscáis?” Estas son las primeras palabras que pone Juan en labios de Cristo, en su evangelio. Y es la pregunta que nos hace a nosotros en estos comienzos del año: ¿Qué buscáis?; ¿qué andáis deseando?; ¿qué esperáis de este año nuevo? Lo que esperáis y buscáis ¿va a saciar esa sed de felicidad que sentís? Porque llamémosle como le llamemos eso es lo que buscamos en el fondo: la felicidad, la paz. Señor, ¡en cuántas fuentes salobres o contaminadas he buscado saciar esta sed profunda, y la sed ahí sigue!... Señor que, por fin, me convenza de que sólo tú eres la Fuente de Agua Viva que puede saciarla. Señor, que busque beber sólo de tu Agua.
  2. Ante la pregunta de Jesús, los dos discípulos -tal vez desconcertados- le preguntan a su vez: «Maestro… ¿dónde vives?» Y él les invita: «Venid y lo veréis.» “¿Dónde los llevó, qué hablaron con él, qué les dijo Jesús, cuánto duró aquella primera conversación? Ninguno lo ha contado. Pero sabemos que Juan cuando, ya anciano, lo recuerda y lo cuenta, señala algo que indica que tenía muy grabado en el corazón aquel primer encuentro con el Señor: “eran como las cuatro de la tarde”, puntualiza. Y al leer esta precisión de la hora, parece que percibimos la nostalgia emocionada de aquel primer encuentro que le cambió. A veces, Señor, me quejo de que mi fe y mi entusiasmo en seguirte se enfrían. ¿No me están faltando encuentros así contigo? Para conocerte, para amarte, -lo sé muy bien- no basta oír hablar de ti o saber cosas de ti; hace falta “irse contigo” y “quedarse contigo”, pues el amor sólo nace de la intimidad de trato, de la escucha silenciosa. Señor, que este año esto sea para mí lo más importante: irme contigo y ver y escuchar.
  1. Cuando Andrés encontró a su hermano Pedro le dijo con gozo: «Hemos encontrado al Mesías» Y lo llevó a Jesús. Es lo que hace el que se encuentra de verdad con Cristo, y le escucha y gusta su amistad: comunica su alegría a los que ama. Y los invita a que ellos también gusten lo que tan feliz le hace a él... Si nosotros fuéramos al Señor, si nos dejáramos seducir por él, como Juan y Andrés, ¡qué otro sería nuestro entusiasmo apostólico! ¿Cómo vamos a encender en los otros el amor, si nosotros no ardemos? Señor, irme contigo, escucharte, gustar tu amor, dejarme embelesar por ti..., entonces sí sentiría la necesidad de comunicarlo a los demás. Como Francisco de Asís, que, después de gustar de ti, llorando y desconsolado, iba por los bosques gritando su amor y su pena: “¡El amor no es amado, el amor no es amado!”

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

04/01/2008


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