Lunes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente". Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas." (Mateo 5:38-42). 1. La Ley del Talión, -el “ojo por ojo, diente por diente”- intentaba moderar el desenfrenado deseo de venganza del corazón humano, que era lo que regía en los pueblos vecinos de Israel. Esta ley ponía un límite a la venganza: no harás al otro más mal del que él te ha hecho a ti; si él te ha arrancado un diente, tú limítate a arrancarle un diente; si ha sido un ojo, arráncale sólo un ojo, no más. Pero Jesús a los suyos nos llama a una virtud mayor; lo nuestro será amar incluso al que nos ha hecho daño, al enemigo. Por eso hemos de renunciar a toda represalia o desquite por la ofensa recibida; no hacerlo así es quedarnos en el Antiguo Testa- mento: "Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente". Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia.” Esto es lo que tú hiciste, Señor. En tu Pasión soportaste con fortaleza y calma las más graves ofensas. Por eso, Señor, cuando me sienta ofendido, te miraré en tu Pasión, y mirándote a ti ¿cómo no soportar las ofensas como tú? 2. Con nuestras solas fuerzas se nos hace muy difícil –y hasta imposible- no responder a la ofensa. Lo que nos sale espontáneamente de dentro es responder y tratar al otro, al menos del mismo modo que nos ha tratado a nosotros. Pero no fue ése el estilo de Jesús, ni ha sido el estilo de los verdaderos cristianos. Ahí están los mártires, que más bien agradecían las ofensas, porque eran una oportunidad de dar testimonio de Cristo. Como los apóstoles que, después de ser azotados por predicar a Jesucristo, dicen los Hechos que “salieron del Consejo muy contentos por haber sido considerados dignos de sufrir por el Nombre de Jesús.” Señor, tú, maltratado hasta lo indecible y clavado en la cruz, morías rogando el perdón para tus verdugos: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen». Que, ante las ofensas de los demás, de mi corazón brote la bendición y la acción de gracias y el perdón, no la ira ni el rencor ni el deseo de venganza. 3. Al texto fundamental enunciado al principio siguen tres aplicaciones, expresadas de una manera exagerada, al estilo oriental, para resaltar más el mensaje: “Si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas." Esto no quiere decir que haya que renunciar al derecho legítimo, que todo ser humano tiene, de ser tratado con respeto o con justicia. Con ellas Jesús lo que hace es invitarnos a no responder a la violencia con violencia, sino a responder y defendernos pero pacíficamente y con serenidad. Como hizo él, cuando aquel criado del sumo sacerdote le abofeteó, y él respondió con valentía y gran dignidad, pero con mucha serenidad: «Si he hablado mal, dime en qué, pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?» (Jn 18,23). En realidad se necesita gran fortaleza de espíritu y equilibrio psicológico para controlarse y no dejarse llevar por la ira y el orgullo y evitar entrar en una espiral de violencia, ya que la violencia engendra violencia. Es la llamada “no-violencia activa” de Gandhi, Martin L. King y tantos otros. Señor, dame tu gracia, porque, con mis solas fuerzas, no podría vencer mis impulsos violentos.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
17/06/2013
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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