Domingo 11º del Tiempo Ordinario (C)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: - «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.» Jesús tomó la palabra y le dijo: - «Simón, tengo algo que decirte.» Él respondió: - «Dímelo, maestro.» Jesús le dijo: - «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?» Simón contestó: - «Supongo que aquel a quien le perdonó más.» Jesús le dijo: - «Has juzgado rectamente.» Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: - «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.» Y a ella le dijo: - «Tus pecados están perdonados.» Los demás convidados empezaron a decir entre sí: - «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?» Pero Jesús dijo a la mujer: - «Tu fe te ha salvado, vete en paz.». (Lucas 7, 36-50). 1. La escena que nos presenta el evangelio hoy es en verdad conmovedora. Jesús es invitado por el fariseo Simón. Este parece que no le ha prestado una acogida demasiado calurosa: ha omitido algunas atenciones que habitualmente se tenían con los huéspedes en aquel tiempo, como el mismo Jesús señala. Estando comiendo, se presenta una mujer, conocida por su vida pecaminosa, y “colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume”. A los pies de Jesús la mujer llora de arrepentimiento y le muestra su amor enjugándole los pies con sus cabellos y los unge con su perfume. Una situación embarazosa para cualquiera, Señor, pero no para ti. Tú actúas con total libertad. El corazón mezquino del fariseo se escandaliza y murmura; pero tú aceptas, agradecido, el amor de aquella mujer pecadora y despreciada por los buenos. Tú has venido a salvar a los pecadores, ¿cómo vas a rechazar a la que llora su pecado? 2. Simón, en su interior, rumia su escándalo: «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.» ¡Qué equivocado estaba! Él era el que no lo sabía. Jesús sabía bien quién era aquella mujer: una mujer que se sentía manchada y necesitaba una gran dosis de comprensión, de amor y perdón que la redimiera, y en Jesús ha reconocido al que puede darle lo que a tantos ha pedido sin que se lo hayan dado... Por eso está ahí, a tus pies, Señor, llorando y amando. Tú la miras con mirada de acogida, de misericordia, de amor liberador. Y tu mirada la redime y la invita a vivir una vida nueva. Por fin, ha encontrado a alguien que no la desprecia y condena, sino que cree en ella, en su capacidad de cambio. Señor, ¿cómo miro yo al hermano que peca: con los ojos de misericordia y bondad con que tú mirabas a la pecadora, o con los ojos del fariseo Simón, que se cree “puro” y por eso condena? Señor, ¡cuánta soberbia y dureza queda aún en mi corazón! Perdóname, Señor. 3. Al escandalizado Simón Jesús le explica el sentido de lo que está pasando, con la parábola de los dos deudores: uno debía mucho -quinientos denarios-, el otro, apenas nada: sólo cincuenta. A los dos se les perdona la deuda, por no poder pagarla. “¿Cuál de los dos lo amará más?», pregunta a Simón, que responde titubeante: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.» Entonces Jesús, señalando a la mujer, enumera las pruebas de amor fervoroso que está dando, frente a la frialdad con que él lo ha recibido: “Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor.” Y a la mujer le anuncia: «Tus pecados están perdonados.» Esto escandaliza a los otros convidados. Pero Jesús confirma a la mujer: “Tu fe te ha salvado. Vete en paz.” Y desde aquel momento aquella mujer se sintió atrapada por tu amor, Señor, y ya nunca se separó de ti. Señor, también a mí me has perdonado mucho. Pero ¡qué lejos me veo del amor con que aquella mujer te correspondió! Yo, Señor, sí he vuelto a separarme de ti muchas veces... ¿Hasta cuándo, Señor, seguiré con mi ingratitud?
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
16/06/2013
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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