Jueves de la 10ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último cuarto.» (Mt 5,20-26). 1. Los fariseos y escribas eran notables conocedores y cumplidores de la ley. Pero se quedaban en el mero legalismo. Jesús advierte a los suyos que eso no basta; el solo cumplimiento material de la ley no lleva a ninguna parte. La fidelidad del discípulo en vivir la nueva ley ha de estar muy por encima de la de los letrados y fariseos, si quieren entrar en el Reino de los cielos: “Sí no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos”. Los discípulos de Jesús no podemos contentarnos con cumplir materialmente los mandamientos, nos ha de preocupar también el espíritu de los mandamientos. ¿De qué sirve cumplir las leyes y los ritos si ello no nace del amor y en ello no ponemos amor? 2. Jesús pone a continuación unos casos concretos para decirnos en qué tenemos que ser mejores que los fariseos y letrados, y qué es lo nuevo de la nueva ley de su comunidad: “Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego.” El quinto mandamiento –según lo que Dios quiere- no se cumple con sólo no matar. Hay que arrancar del corazón todo sentimiento contrario al hermano. Por ejemplo, la injuria, el insulto, los juicios interiores, las críticas, los enfados, los deseos de venganza, etc. Albergar tales sentimientos contra el hermano es como “asesinarlo” espiritualmente, porque lo estamos rechazando y echando fuera de nuestra vida. Y esto merece la condena… Los tuyos, Señor, no podemos contentarnos, pues, con no hacer daño al hermano, tenemos que amarlo y hacerle el bien. El cristiano es el que ama, sin preguntarse hasta dónde puede llegar sin pecar mortalmente. El busca sencillamente el bien, sin hacer cálculos. Señor, que no me quede en el farisaísmo de hacer lo correcto. Dame tu gracia para que pueda dar ese paso más de amar y hacer el bien, que nos pides a los tuyos. 3. El judío, si al ir a ofrecer un sacrificio, recordaba que había contraído alguna impureza, tenía que purificarse con una serie de abluciones. Pero el discípulo de Cristo, si advierte que la unión con el hermano está rota, para que su ofrenda sea agradable a Dios, antes debe restablecer la unidad rota, reconciliándose con el hermano: “Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.” El que no vive la fraternidad, la comunión con sus hermanos, no es apto para servir dignamente a Dios: Su ofrenda no es agradable a Dios. El culto a Dios no sirve de nada, si no está avalado por el amor y la unidad fraterna. ¿Lo está mi servicio a ti, Señor? Dios mío, llena mi corazón de tu amor. Porque, sólo si tu amor me habita, podré vivir la comunión con mi hermano, que tú pides.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
13/06/2013
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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