Jueves de la 9ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: "¿Qué mandamiento es el primero de todos?" Respondió Jesús: "El primero es: "Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser." El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos." El escriba replicó: "Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios." Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: "No estás lejos del reino de Dios." Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas. (Marcos 12,28b-34). 1. Un escriba se acerca a Jesús y le pregunta por el mandamiento primero, el más importante, el que mejor expresa la voluntad de Dios. En aquel tiempo, los judíos tenían una gran cantidad de normas. Pero se discutía si todas tenían el mismo valor. Unos, más rigoristas, pensaban que sí, pues todas venían de Dios. Otros, sin embargo, defendían que había unos más importantes que otros. Al doctor le interesa saber cuál es la opinión de Jesús sobre esto. Jesús le responde con dos citas de la Biblia. La primera es el llamado Shemá: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”, es decir, el mandamiento más importante es amar a Dios con un amor que abarque a toda la persona: mente, corazón, sentimientos... Es decir: el hombre entero se debe a Dios; no debe tener ningún otro señor. ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida, en mi corazón? ¿Es Dios mi único Señor o tengo otros señores? Señor, que para mí amarte sea lo más importante. 2. Para Jesús amar a Dios es el mandamiento más importante. Pero -aunque no le han preguntado por él- Jesús añade un segundo mandamiento: “El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que éstos.” El amor al prójimo era un mandamiento conocido ya en el judaísmo. Pero Jesús enseña algo nuevo: el amor al prójimo está indisolublemente unido al amor a Dios. De modo que no hay verdadero amor a Dios si no se traduce en amor al prójimo, ni hay culto verdadero y agradable a Dios, si no va unido a la entrega al prójimo. Los dos amores han de ir juntos. Como escribe Atilano Alaiz, “esta equiparación del amor a Dios y del amor al hombre revela hasta qué punto Dios y Jesús se han identificado con el hombre, hasta sentirse afectados por todo lo que le afecta a cualquier ser humano.”Señor, que no me engañe; que mi amor al prójimo muestre que mi amor a ti es sincero. Y amar al hermano bien sé que no es sólo no hacerle daño; es hacerle bien: ayudarle, servirle, perdonarle, compartir con él lo mío, preocuparme de él... 3. Al escuchar la respuesta, el escriba confiesa que Jesús tiene razón: el amor a Dios y el amor al prójimo “vale más que todos los holocaustos y sacrificios.” Y no sólo valen más, sino que sin este doble amor ni sacrificios y ni actos de culto sirven de nada. Jesús alaba al escriba: “No estás lejos del reino de Dios.” Señor, ¿puedes decir de mí que no estoy lejos del reino de Dios? Desde niño, conozco estos dos mandamientos, y siempre me han parecido admirables. Pero conocer y admirar no basta. “Sabemos” de verdad sólo aquello que “hacemos”. Sólo puedo decir que amo tus mandamientos, cuando los convierto en “vida”, cuando los pongo en práctica. Y desgraciadamente no siempre es así. Señor, concédeme la gracia de experimentar tu amor. Porque sólo si me siento amado por ti, podré amar a Dios y amar a los demás como a mí mismo.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
06/06/2013
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|