Martes de la 9ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Martes de la 9ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

“En aquel tiempo, fueron enviados ciertos fariseos y partidarios de Herodes a que tratasen de cazar a Jesús en alguna palabra. Cuando los enviados llegaron, le dijeron: Maestro, sabemos que eres sincero y que no te dejas influir por nadie, pues no miras la condición de las personas sino que enseñas con verdad el camino de Dios; dinos: ¿estamos obligados a pagar tributo al César o no? ¿Lo pagamos o no lo pagamos? Jesús, viendo su hipocresía, les dijo: Dadme una moneda: ¿de quién es esta imagen e inscripción? Le respondieron: Del César... Pues dad al César lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios. Esta respuesta les dejó asombrados.” (Marcos 12, 13-17)

1. Los enemigos de Jesús andan buscando ponerlo en aprietos, para desprestigiarle ante el pueblo o acusarlo ante las autoridades romanas. Hoy vemos que unos enviados de los fariseos y de los herodianos le preguntan si hay que pagar tributo a Roma: ¿Lo pagamos o no lo pagamos?” Era una cuestión espinosa, porque no todos aceptaban pagar esos impuestos, pues ello suponía aceptar la soberanía de Roma. Con la pregunta intentan obligar a Jesús a definirse y tomar claramente partido. Porque piensan: si dice que sí, se enemistará con el pueblo, y si dice que no, podrán acusarlo de revolucionario ante la autoridad romana… ¡Qué hipocresía y doblez de corazón, Señor! Han empezado adulándote: “Maestro, sabemos que eres sincero y… que enseñas con verdad el camino de Dios.” Pero a ellos no les interesaba “el camino de Dios”, sino desprestigiarte y librarse de ti. Yo sí quiero ser sincero contigo, Señor, y   descubrir el camino de Dios, que sólo tú me puedes enseñar. Por eso vengo a ti cada día a rogarte que me enseñes ese camino que me lleve al Padre.

2. Jesús les pide una moneda, y pregunta de quién es la inscripción e imagen que aparecen en ella. Le responden: “Del César.” Y Jesús agudamente les desbarata la trampa: Si usan el dinero del César es porque reconocen la autoridad del César. Por eso les dice: “Pues dad al César lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios.” Es decir, cumplid con el César, dándole lo que es suyo; pero cumplid también vuestros deberes para con Dios, que son anteriores y más importantes... Así, nosotros, los cristianos: debemos ser los mejores cumplidores de nuestras obligaciones cívicas; pero sin olvidar que “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” y  “que Dios es el único Señor y no hay otro fuera de él”. Por eso, en caso de conflicto entre los valores del evangelio y las leyes civiles –o consignas de partido- , el evangelio debe ser primero. San Jerónimo dice bellamente: «Tenéis que dar al César la moneda que lleva impresa su imagen; pero entregad con más gusto todo vuestro ser a Dios, porque en vosotros lleváis impresa la imagen de Dios y no la del César». Hoy preguntémonos: ¿Me preocupo de esta doble obligación, de ciudadano del mundo y de cristiano? En caso de colisión entre Evangelio y algunas leyes humanas, ¿qué prevalece en mí?

3. "Dad a Dios lo que es de Dios", dice Jesús.  Esta es una tarea que jamás quedará satisfecha en plenitud. Porque de Dios lo hemos recibido todo y lo seguimos recibiendo: la vida humana y espiritual, la familia, la creación -de la que vivimos y gozamos- la Palabra que nos salva, los sacramentos, etc.  ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?”, se preguntaba el salmista. Podemos decir que, para con Dios, siempre somos deficitarios, pues nunca le pagaremos cuanto le debemos... Y, si a Dios tenemos que darle todo lo que es suyo, no olvidemos que el modo de cumplir esa obligación es ponerlo todo a disposición de los necesitados. Primero Dios y su  Reino; pero, porque “somos de Dios”, también tenemos que “ser de los demás”, que son amados de Dios. Señor, que no lo olvidemos nunca.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

04/06/2013


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