Sábado de la 6ª semana de Pascua

Paso la palabra. Para meditar cada día
Sábado de la 6ª semana de Pascua
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre." (Juan 16: 23-27).

1.      "Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará.” Escuchamos esto y pensamos en las veces que hemos pedido y nada ha cambiado, todo ha seguido igual. Pero, ¿es verdad que nada ha cambiado? El poeta Luis Rosales dice: “Ningún hombre regresa del dolor siendo el mismo hombre.” Tal vez lo hayamos experimentado: ¡cómo nos cambia la experiencia del dolor! Y de la oración ¿no podemos decir lo mismo? Nadie regresa de la oración siendo el mismo, si ha orado de verdad. ¡Cómo cambia el fracaso, la enfermedad, la incomprensión..., cuando “los oramos”! Un amigo enfermo de cáncer me confesaba: “Desde que he orado, mi enfermedad ha cambiado. Las pruebas por las que tengo que pasar, así como los tratamientos y los trastornos que me producen son los mismos, pero para mí, ¡es todo tan distinto...!”  Si no lo hemos experimentado nunca es que nunca hemos orado de verdad.

2.      Poco después de decir esto a los discípulos, Jesús, en el Huerto de los olivos, oró insistentemente su angustia y su miedo ante lo que se le venía encima: "Padre, si es posible, aparta de mí este cáliz..., pero no se haga mi voluntad sino la tuya". Y cuando acabó su larga oración, dijo a los suyos: “Levantaos, vamos...” Y fue, decididamente, al encuentro de los que le buscaban para prenderlo, es decir,  fue al encuentro del dolor y de la muerte. Miradas las cosas con estos ojos miopes de la carne, podemos pensar que el Padre no atendió la oración de Jesús. Pero, ¿de verdad podemos decir que aquella oración no fue atendida? Julien Green escribió que ”el objetivo de la oración no es conseguir lo que hemos pedido, sino hacernos distintos.” ¡Y qué distinto el Jesús que se arrodilla y ora al Padre entre gemidos al Jesús que se levanta después de orar y acoger la voluntad del Padre!

3.      “Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa.” El Padre y Cristo están íntimamente unidos. Jesús lo dijo muchas veces: el Padre y yo somos uno. Y los que creemos en Jesús estamos unidos a él como el sarmiento a la cepa, y en el Hijo estamos unidos al Padre. Así, cuando oramos, es Cristo quien ora en nosotros y con nosotros. De ahí nuestra esperanza de ser escuchados y atendidos. L. Evely dice: “Orar es ponerse a disposición de Dios para que haga en nosotros finalmente lo que siempre ha querido hacer y para lo que  nunca le hemos dado tiempo, ni oportunidad: darnos el Espíritu del Hijo”.  Y san Agustín decía: “Dios llena los corazones, no los bolsillos...” Y nosotros sólo esperamos las bobadas materiales que pedimos, y miramos si ha llenado o no los bolsillos. Y así, ¿cómo no pensar que Dios nos falla y sentirnos descontentos e insatisfechos?  Señor, enséñanos a orar con los sentimientos de confianza con que orabas tú. 

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

11/05/2013


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