Domingo 6º de Pascua (C)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: "Me voy y vuelvo a vuestro lado." Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.» (Juan 14, 23-29) 1. Todo en Jesús era manifestación del Padre. Todo en él es Palabra del Padre. Hoy, de nuevo, nos invita a guardar su Palabra. Y bien sabemos que guardarla no es sólo cumplirla como se cumple una ley. Es acogerla amorosamente como don salvador de Dios. Como la acogió la María. Y el que la acoge así -como ella- se convierte en “casa de Dios”, en “templo vivo de Dios”: “El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.” ¡Qué estupendo! Mi Dios ya no me es lejano, es algo muy íntimo a mí: habita en mí, vive en mí. Sor Isabel de la Trinidad decía: “Llevamos el cielo dentro de nosotros pues Aquel que sacia a los bienaventurados en la luz de la visión beatífica, se nos entrega por la fe y el misterio. Es el mismo. He hallado mi cielo en la tierra pues el cielo es Dios y Dios está en mi alma. El día que comprendí esta verdad todo se iluminó en mí”. Para encontrarme con el Dios-Amor, no necesito más que recogerme en mi corazón y hacer silencio. El está ahí, viene conmigo, me ama, me escucha, me habla. Señor, Señor..., ¡cuán bueno eres conmigo! 2. “Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde.”¿Cómo temblar, si no estamos solos, si Dios está en nosotros? Nosotros somos débiles, podemos poco. Pero ¡Dios es Dios, él es el Señor! Y Dios nos ama. Y vive en nosotros. Entonces, Señor, ¿por qué, a veces, este dejamos atrapar por la desconfianza, el miedo y la tristeza? ¿Por qué, a veces, este creernos “dejados de la mano de Dios” cuando aprieta la adversidad, si tú nos llevas de la mano, si vives en nosotros?... ¡Qué pena, Señor, ser amado locamente por ti y, sin embargo, andar inquieto y loco por ahí, buscando no sé qué satisfacciones y seguridades, y no tener tiempo para estar contigo, el Amado, y saborear tu amor que aquieta y plenifica! ¿Cuándo lo descubriré, Señor? 3. “La paz os dejo, mi paz os doy”... La paz que Jesús nos da no es mera ausencia de conflictos internos o externos. La paz eres tú, Señor. Tú eres el Dios de la paz. Acogerte a ti es acoger la paz, el reposo, la quietud, la alegría en plenitud; es sumergirse en el océano de paz y gozo que eres tú, Señor. Una paz que nos hace personas pacíficas y pacificadoras, constructoras del Reino de la Paz. ¿De dónde la Paz que transpiraba la Madre de Teresa de Calcuta? Tenía problemas, laceraba su corazón el dolor de “los más pobres de los pobres” -como les llamaba ella- entre quienes vivía, la injusticia de los poderosos la rodeaba..., pero ella sonreía siempre, y en su rostro veíamos la Paz de su corazón. Señor, hoy danos tu paz, la Paz que eres tú, que queremos acogerla, abrirle la puerta de nuestro corazón.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
05/05/2013
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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