Domingo 5º de Pascua (C)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: "Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros." ( Juan 13, 31-33a. 34-35) 1. Eran los últimos momentos de Jesús con los suyos: “me queda poco de estar con vosotros”. Y antes de irse, bondadosamente, les recuerda el camino por el que han de caminar para construir el Reino: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros.” Lo del amor al otro ya lo conocían los discípulos por el A.T.: “amarás al prójimo como a ti mismo.” Y amar es procurar el bien de los otros, tratarlos bien, aceptarlos aun con deficiencias, sobrellevarlos con paciencia, ayudarles... A esto tienden, generalmente, todos los pueblos. También nosotros. Pero lo hacemos poniendo límites y condiciones a nuestro amor: amamos y hacemos el bien a los nuestros, a los que nos caen bien, a los que son agradecidos y corresponden a nuestro amor. ¿No nos quedamos en esto muchas veces? Y ¿basta este amor para caminar por el camino del Señor? 2. Ya Jesús había añadido algo nuevo al mandamiento del amor al prójimo del Antiguo Testamento: había enseñado que el amor al prójimo es inseparable del amor a Dios. No es posible amar a Dios sin amar al hermano. Y ahora Jesús, en el momento de despedirse de los suyos, al amor con que han de amarse, le añade un rasgo nuevo: “como yo os he amado, amaos también entre vosotros”. Aquí está la novedad de este mandamiento de Jesús: han de amarse con un amor sin límites y sin condiciones. Que alcance a todos. Y gratuito, sin motivo, como es su amor. El amor del Señor no se deja limitar o condicionar por nada. Ni por el parentesco o raza, ni por la ingratitud y los malos comportamientos. Seamos buenos o no, correspondamos a su amor o le traicionemos, él nos ama. Y nos ama con un amor desmesurado, sin medida, hasta la cruz. Y así quieres, Señor, que nos amemos los tuyos. Señor, ¡cuánto me cuesta amar sin mirar quién es, qué hace y cómo se comporta el otro! A algunos me parece imposible amarlos... 3. El Señor añade algo más: “La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros." Él ha querido que este modo de amar sea lo que distinga a los suyos, a los cristianos. Sólo el amor entrañable, gratuito y universal –no, las palabras ni los ritos ni la doctrina- dirá a todos que somos de los de Cristo, que pertenecemos a su comunidad. José A. Pagola dice: "Los cristianos estamos llamados a diferenciamos no por un saber particular, por una doctrina, ni por la observancia de unos ritos o unas leyes. Nuestra verdadera identidad y distintivo se basa en nuestro modo de amar. Se nos tiene que conocer por nuestro estilo de amar que tiene como criterio- y--punto de referencia -el modo de amar de Jesús. Un amor, por tanto, desinteresado, que sabe acoger y ponerse al servicio del otro, sin límites ni discriminaciones... Esta es la tarea gozosa del creyente en esta sociedad donde se falsifica tanto el amor. Desarrollar nuestra capacidad de amar siguiendo el estilo de Jesús." Señor, ¡qué lejos estoy de este modo de amar! A veces pienso que amo a los otros, pero ¿a qué “otros”? Hoy veo, Señor, que voy por la vida seleccionando. Y, claro, amo y hago el bien a los “seleccionados”; pero ante los que dejo fuera de la “selección” ¡cómo paso de largo y los olvido! Y no era ése tu estilo de obrar. Conviérteme, Señor, conviérteme.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
28/04/2013
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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