Sábado de la 2ª semana de Pascua

Paso la palabra. Para meditar cada día
Sábado de la 2ª semana de Pascua
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:  - ... hermanos, escoged a siete de vosotros... y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.  La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. ( Hechos de los Apóstoles 6, 1.3-6)

Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al lago, embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaúm. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos cinco o seis kilómetros, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el lago, y se asustaron. Pero él les dijo: "Soy yo, no temáis." Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban. (Juan 6, 16.-21)

1.      El evangelio de ayer concluía hablando del entusiasmo de la gente que, al ver el milagro de dar de comer a tanta gente, quieren proclamar rey a Jesús. Pero dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo (Jn 6,15). Y san Mateo, en el pasaje paralelo, concreta: subió al monte a solas  para orar (Mt 13, 22.. Es lo que hace con frecuencia Jesús: después de la actividad, busca encontrarse con el Padre en la soledad. Señor, que aprendamos tu lección. Actividad y contemplación. Trabajar por el Reino y orar. Necesitamos tener tiempo para, a solas con el Señor, llenarnos de su amor. Para presentarle nuestras ilusiones y desilusiones. Para hablarle de la gente y pedirle que haga fecundo nuestro trabajo. Porque “si el Señor no construye la casa, en vanos se cansan los albañiles,” como dice el salmo (Slm 126, 1). Si lo hiciéramos así, seguro que nuestra vida y nuestra entrega, y los frutos de esa entrega serían otros.

2.      Días pasados veíamos cómo era la comunidad primera: vivían unidos, eran un solo corazón y una sola alma, todo lo compartían. Pero decíamos que san Lucas, con estas expresiones tal vez no describía tanto la realidad de la comunidad primera,  como el ideal al que aspiraban y hacia donde debía caminar toda comunidad cristiana. Hoy se nos cuenta que, al crecer el número de los discípulos, en la comunidad surgen las discordias: los de lengua griega se quejan de que sus viudas no son atendidas como las de lengua hebrea. Y vemos también con qué serenidad resuelven el problema: los apóstoles dialogan con todos, y llegan al acuerdo de nombrar a unos cuantos que se encarguen de que nadie quede sin ser atendido. ¿Qué tal si, cuando surge el conflicto en nuestra comunidad cristiana, religiosa, familiar, etc., en vez de escandalizarnos y condenarnos los unos a los otros, dialogáramos con serenidad, y, comunitariamente, buscáramos la solución al conflicto? La mejor comunidad no es la que no tiene conflictos, sino la que sabe resolverlos mejor, a la luz del evangelio. Señor, que los cristianos de hoy lo entendamos y aprendamos.

3.      En el evangelio vemos también que Jesús camina sobre las aguas. El mar es símbolo  de las fuerzas del mal, contra las que se siente impotente el ser humano. Que Jesús caminando sobre las aguas, nos dice que él es Señor del mal. La noche era cerrada; no hay luz: Jesús no está. El viento es recio, y el lago se va encrespando. Los discípulos, sin Jesús, tienen miedo. Pero aparece Jesús caminando sobre las aguas y les dice: “Soy yo, no temáis." Y el miedo desaparece. ¿No nos sentimos nosotros, a veces, remando en medio la tormenta, contra el mal, contra la dificultad, con la fe oscurecida y tambaleante, a punto de hundirnos? Señor, cuando nos veas así, tú que caminas sobre las aguas -que dominas el mal- ven y dinos también: “Soy yo, no temáis.” Y concédenos que te escuchemos con los ojos de la fe bien abiertos, porque entonces reconoceremos tu voz, y sentiremos que huyen nuestros miedos y cobardías, y revive la confianza en nuestro corazón para seguir remando. 

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

13/04/2013


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