Miércoles de la 3ª semana de Cuaresma

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles de la 3ª semana de Cuaresma
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe, será grande en el    reino de los cielos. ( Mateo 5,17-19)

1.  Jesús había proclamado a los suyos las Bienaventuranzas, la nueva ley. Algunos de sus seguidores se preguntaban si tendrían que romper con la religión judía. Jesús dice: “No creáis que he venido a abolir la ley o los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.” Jesús critica la religiosidad vacía de los escribas y fariseos, que se queda en el mero cumplir; pero no pretende abolir la ley, quiere completarla, llevarla a modos de obrar y de vivir más sinceros y exigentes. Por eso a los suyos les pide algo más: “Sí no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos”. Los suyos no podemos quedarnos en legalismos; hemos de profundizar, de ir al meollo de la ley y poner amor y sinceridad en todo lo que hacemos. Por eso nos dice que no basta no matar, o no hacer daño al otro. Hemos de hacer el bien. La ley de Jesús no es ley de mínimos, sino de máximos, porque es ley de amor, y el amor no admite medidas. ¿Por dónde caminamos nosotros, por el camino del cálculo -“hasta aquí puedo llegar sin pecar”, “con esto ya he cumplido”- o por los caminos del amor sin medida? Ensancha mi corazón, Señor, hasta la medida del tuyo. Que rompa con la mezquindad del cálculo y del sólo cumplir.

2.   Hoy se habla mucho de ética de los valores cívicos o humanos, como  el respeto y la tolerancia, etc. A los  cristianos todo eso nos debe parecer bien y debemos apoyarlo. Pero sin quedarnos en eso. Jesús no pide sólo que, por ejemplo, respetemos y seamos tolerantes con los demás; a los suyos nos pide que vayamos mucho más allá: que amemos y tratemos a los demás como a hermanos, como a hijos de Dios. Y a todos: amigos y enemigos, buenos y malos… Nosotros ¿nos conformamos con lo humanamente correcto, o nos hemos atrevido a dar el salto al evangelio del amor, del servicio y del perdón? Señor, dame valentía para dar ese salto.

3.  Termina Jesús invitando a cumplir hasta los “preceptos menos importantes”. Porque, cuando se trata del amor, ¿hay algo que no sea importante? Cuando lo menos importante, (por ejemplo, los detalles, como una sonrisa, una palabra de aliento, un adelantarse a los deseos del otro, un “perdona” cuando se ha ofendido al otro, etc.) lo despreciamos, señal de que caminamos lejos del amor. Como decía aquél: “cuando en la convivencia matrimonial, familiar, comunitaria, etc., a los detalles no se les da importancia, ¡malo, malo! El amor agoniza y puede morir”. Lo mismo podemos decir cuando eso ocurre en la vida espiritual... Señor, enséñame a no despreciar nada de lo tuyo o de mis hermanos por ser de poca importancia. Que te ame y ame a los demás tanto que todo sea importante para mí. Concédeme esta gracia en la cuaresma, tiempo de renovación de la vida cristiana, de vuelta a los caminos del evangelio.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

06/03/2013


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