Lunes de la 2ª semana de Cuaresma

Paso la palabra. Para meditar cada día
Lunes de la 2ª semana de Cuaresma
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.” (Lucas 6, 36-38).

1.      Lo de Jesús –podríamos decir- era mirar al Padre, para reflejar sus actitudes. El Padre es compasivo y misericordioso, acoge a todos con ternura y hace brillar el sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos. Y Jesús, el Hijo, obra como obra el Padre. Y nos dice que ése debe ser nuestro comportamiento también: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”. En el Hijo somos hijos de Dios. Hemos, pues, de imitar al Padre y obrar como el Padre. Si el Padre es clemente y misericordioso, el discípulo tiene que serlo también. ¿En qué cosas tengo que cambiar yo para ser mejor hijo? ¿Quién espera de mí compasión y misericordia sin recibirla? Señor, ablanda mi corazón duro, de piedra; dame un corazón bueno, compasivo, que comparta las penas con los que sufren, que excuse sus defectos, que sea comprensivo.

2.      Un corazón misericordioso no juzga, no condena. Pero nosotros andamos por la vida dictando sentencias condenatorias a diestro y siniestro: “Este es malo, aquélla es una egoísta, éste no tiene interés  por cambiar…” ¡Cómo nos duelen las críticas y los juicios de los demás sobre nosotros! Sin embargo, nosotros ¡con qué ligereza juzgamos y condenamos! Un amigo me decía: “¡qué farsantes y parciales somos! Tenemos un corazón de juez implacable para con los demás, pero para nosotros mismos, un corazón de “padrazo” que todo lo justifica...Y olvidamos lo que dice Jesús: “No condenéis, y no seréis condenado.” Nuestro comportamiento con los demás será la norma del comportamiento de Dios con nosotros… Señor, si continúo comportándome así con los demás, ¿cómo resistiré ante ti el día del juicio? Señor, que no juzgue tan ligeramente. Sólo tú conoces el corazón del hombre, sólo tú puedes juzgar con verdad. Como los indios Sioux, hoy te ruego: "Que yo nunca juzgue a nadie hasta no haber caminado un gran trecho con los pies en sus mismos zapatos". Señor, ¿a quién tengo que dejar de juzgar y condenar?

3.      “Perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará…” ¡Cuánto nos cuesta perdonar! ¡Cómo se agarran a nuestro corazón el rencor y el resentimiento! Y en la medida en que yo perdone al hermano seré perdonado por Dios. El resultado del juicio se deja en nuestras manos. Perdonar a los que nos ofenden y obrar misericordiosamente con ellos, es abrir el camino para que el Señor nos perdone a nosotros... Y Dios perdona sin medida y da sin medida, pero perdona y da al que a su vez ha dado y ha perdonado: “la medida que uséis, la usarán con vosotros.” Dice A. Stöger: “El que dé y perdone a los hombres, recibirá abundantemente el don y el perdón de Dios; el que no dé ni perdone a los hombres, no puede esperar don ni perdón de Dios.”¿Qué resentimiento guardo en mi corazón? ¿A quién no termino de perdonar? Señor, concédeme la gracia de poder perdonar a los que me han ofendido y a los que me puedan ofender en adelante.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

25/02/2013


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