Domingo 2º de Cuaresma (C)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, Jesús tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que se iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: - Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: - Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle. Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto. (Lucas 9,28b-36). 1. Contemplábamos en días anteriores, cómo Jesús anunciaba a los discípulos que él iba morir a manos de los judíos y resucitar. Y les decía que los suyos habían de seguir parecido camino: “El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga.” Esto debió desconcertar y abatir a los discípulos. Hoy vemos cómo el Padre hace vivir a Jesús, anticipadamente y delante de los discípulos, el gozo de la glorificación, a la que va a llegar siguiendo el camino de entrega y muerte que les ha anunciado, y que alcanzarán también los mismos discípulos, si recorren el mismo camino. Con la transfiguración, pues, parece que el Padre quiere responder al miedo y abatimiento de los discípulos y animarles a continuar con Jesús, pase lo que pase, y a recorrer ellos el mismo camino. 2. Algo parecido pretende la liturgia, al presentarnos la transfiguración en este segundo domingo de la cuaresma. La cuaresma es camino de conversión, de rompimientos, de muerte al pecado -envidia, egoísmo, insolidaridad, rencor, etc.-, para vivir una vida nueva en el amor, la entrega y el servicio a Dios y los hermanos. Y esto a nosotros también nos asusta. Poniendo hoy ante nosotros la transfiguración, la Iglesia pretende animarnos a continuar por el camino de conversión que comenzamos con la imposición de la ceniza. Señor, que, al contemplar este anticipo del gozo y gloria de tu resurrección y la nuestra, que es la transfiguración, me sienta animado a proseguir el camino cuaresmal hacia la Pascua, hacia la vida nueva, aunque me cueste renuncias y rompimientos. La meta adonde conduce vale la pena. 3. El Cura de Ars decía que “la oración es una degustación anticipada del cielo...“ Y añade que “en la oración hecha debidamente se funden las penas como la nieve ante el sol”. Y se funden también los miedos al compromiso, a las renuncias, a seguir el camino del evangelio..., como se fundieron el miedo y las dudas de los discípulos en el Tabor. Por eso, cada día subamos con Jesús al monte para orar y escuchar la invitación del Padre: “Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle”. Sí, Señor, seguirte a ti no es seguir a un cualquiera. Tú eres el Hijo amado del Padre, el escogido, el Mesías. Quiero escucharte, como pide el Padre. Quiero fiarme de ti y seguir tu camino, auque ese camino sea de desprecio y de cruz. Porque sé, Señor, que –como me muestras en el Tabor- no termina en el calvario, en el dolor, en la pasión, en la muerte...., sino en la glorificación. Que lo recuerde, Señor, cuando llegue el cansancio y el miedo.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
24/02/2013
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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