Jueves 1ª semana de Cuaresma
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden!. En resumen: tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas. ( Mateo 7,7-12). 1. El evangelio de hoy forma parte del Sermón del Monte, en el que Jesús proclama la Nueva Ley que regirá a su comunicad. En este fragmento de hoy nos habla de nuevo de la oración: “Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. “ Con estas palabras nos anima a acercarnos a nuestro Padre Dios para exponerle con confianza nuestras necesidades y deseos. El siempre nos escucha. Tal vez nosotros no siempre comprendamos la respuesta; pero siempre nuestro “Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden”. Lo que ocurre es que son “cosas buenas” a juicio de Dios, no a juicio nuestro. Pero el Señor sabe más que nosotros y ve más; por eso, hasta lo que nos parece una dificultad o un fracaso o una desgracia, sabemos muy bien que puede ser un regalo especialísimo de su amor para nuestra vida. Sí, es cierto, Señor, que nunca oramos sin que tú escuches nuestros ruegos, aunque no nos concedas exactamente lo que te pidamos. Pero tú, que nos amas, siempre nos darás algo mejor que lo que pedimos. Y de eso, Señor, tengo experiencia. 2. Cuando no se nos concede lo que pedimos, no es que Dios nos haya fallado; tengamos por seguro que hemos sido nosotros los que hemos fallado, como dice san Agustín: "Cuando nuestra oración no es escuchada es porque no estamos bien dispuestos para la petición; o porque pedimos mal, con poca fe o sin perseverancia, o con poca humildad; o porque pedimos cosas malas, o van a resultar, por alguna razón, no convenientes para nosotros" (La ciudad de Dios, 20, 22). No es fácil aceptar que Dios nos quiere y siempre nos escucha, cuando no nos concede exactamente lo que le pedimos. Pero ¿qué buen padre, si el hijo pequeño le pide una brasa o un cuchillo afilado, se lo da? No sería buen padre ni amaría a su hijo. Y tú, Señor, eres nuestro Abbá y nos quieres, ¿cómo nos vas a conceder lo que no nos conviene? Por eso, San Agustín aconseja que, aunque a veces las cosas no sucedan como a nosotros nos gusta, “demos gracias a Dios por todo, sin dudar lo más mínimo de que lo más conveniente para nosotros es lo que acaece según la voluntad de Dios y no según la nuestra". 3. ¡Qué triste! A veces -como alguien ha dicho- parece que Dios tiene más ganas de darnos que nosotros de recibir, más ganas de hacernos misericordia que nosotros de vernos libres de nuestro pecado. Si no ¿por qué somos tan perezosos para ir a él? Señor, que en esta cuaresma aprendamos a pedir, a buscar, a llamar a tu puerta. Danos el espíritu de hijos que nos haga clamarte con confianza: ¡Abbá, Padre! Y concédenos cumplir la regla de oro que nos das como resume de toda la Ley y los profetas: “tratad a los demás como queréis que ellos os traten”. Así, Señor: con el mismo respeto, con el mismo cariño, con la misma comprensión y tolerancia con que queremos ser tratados nosotros. ¡Cuán distintas serán nuestras relaciones con los demás, Señor, si lo hacemos así!
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
21/02/2013
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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