Miércoles de la 1ª Semana de Cuaresma

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles de la 1ª Semana de Cuaresma
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

“En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: Esta generación es una generación perversa: Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más grande que Jonás.” (Lucas 11, 29-32).

1.      Estamos en Cuaresma. La liturgia nos llama con insistencia a convertirnos, a cambiar de vida. Hoy el evangelio nos recuerda lo que decía Jesús a sus contemporáneos, ante su dureza de corazón para creer: “Esta generación es una generación perversa: Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás.” Ellos exigían a Jesús una señal que le avalara como enviado de Dios. Pero la realidad era que no querían creer. Por eso Jesús se niega a darles el signo que piden, pues no hubiera servido para nada. Señales han visto muchas (curaciones de enfermos, expulsión de demonios, etc.), y siguen en su incredulidad. Porque -como dice A. Stöger-  “sólo el que escucha y acepta de buena gana la palabra de Jesús, está capacitado y pronto para captar las señales que hace Dios por Jesús como señales de que se ha inaugurado ya el reino de Dios.” Señor, que yo no sea tan sordo a tus llamadas ni tan ciego para ver  los signos de amor que me has dado y me estás dando. Señor, que yo vea y escuche.

2.       “La reina del Sur… vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón…; los hombres de Nínive se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más grande que Jonás.” En aquella gente Jesús echa de menos la actitud de búsqueda de la reina de Saba, que acudió desde lejos para escuchar a Salomón, y la prontitud con que los de Nínive se convirtieron ante la llamada de Jonás. Y en medio de ellos está Jesús, que es más que Salomón y más que Jonás,  anunciando el reino de Dios y haciéndolo presente y llamando a la conversión. Pero ellos desprecian la gracia que está llamando a sus puertas. Señor, que yo no eche en saco roto la gracia que me estás regalando en este tiempo de gracia. ¡Qué triste, Señor,  si, cuando sea juzgado, como dices a aquella “generación perversa” de tu tiempo, los ninivitas y la reina de Saba tuvieran que echarme en cara que ellos hicieron más caso a Salomón y a Jonás que yo te hago a ti, que eres el más Sabio y el mayor Profeta! María, Madre mía, ruega por mí para no ocurra eso.

3.      Los que somos “cristianos de toda la vida y practicantes” hemos de estar atentos, para no caer en el peligro de escuchar las llamadas a la conversión que nos hace el Señor, como si no fueran para nosotros, porque pensamos que ya somos buenos. Como aquellos judíos del evangelio de hoy: pensaban que sus vidas estaban en regla, ellos pertenecían al pueblo de Dios y no necesitaban convertirse, y se quedaron fuera de la salvación de Dios. Sin embargo, los de Nínive –que eran paganos- escucharon la llamada a la conversión que les hacía Jonás, y Dios los acogió en su bondad y no destruyó la ciudad. Señor, que yo, como los ninivitas, escuche las llamadas a la conversión que me estás haciendo en este tiempo de Cuaresma, puesto que soy un pecador. Que no te dé largas. Que te abra el corazón.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

20/02/2013


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