Domingo 1º de Cuaresma (C)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo:- «Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.» Jesús le contestó: -«Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre”.» Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: -«Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.» Jesús le contestó: -«Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.» Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: -«Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti”, y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”.» Jesús le contestó: -«Está mandado: “No tentarás al Señor, tu Dios”.» Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión. (Lucas 4, 1-13) 1. Hoy, al comienzo de la cuaresma, se nos presenta a Jesús tentado en el desierto. El desierto es el lugar de la búsqueda, de la prueba, de la escucha, del discedrnimiento, de las decisiones. Y allí, frente al camino de humillación y muerte que tiene que recorrer como Mesías redentor, el enemigo le presenta tres atajos más placenteros de recorrer. Son los mismos que a todos nos presenta el enemigo para conseguir la felicidad. El primero, el materialismo, tener cosas para saciar el hambre consumista que la propaganda nos despierta: «Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.» O sea, la felicidad la dan los bienes materiales, el pan. Y para conseguirlos hay que utilizar todos los medios que sean precisos, hasta el poder de Dios en provecho propio. Jesús responde: “No sólo de pan vive el hombre…” No bastan los bienes materiales para llenar una vida de sentido y de felicidad. Hay otros valores que sí pueden llenarla. A la Gloria, a la Felicidad, se llega por la entrega amorosa y el servicio humilde a los hombres, por la escucha y obediencia a la palabra Dios… Este fue el camino que escogió y siguió Jesús. Y nosotros, ¿cuáles estamos siguendo? 2. Segundo atajo, el poder: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.» Dominar, mandar, estar por encima de los demás. Que vean que soy importante y tengo poder. Y para ello sustituir a Dios por otros dioses: por el poder y lo que da poder: dinero, prestigio, fama, dominio injusto, etc. ¡Ahí está la felicidad!... Frente a esto, Jesús se agarra de nuevo a la Palabra de Dios: -«Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.» Sólo Dios es el Señor. No hay otro dios que pueda saciar la sed de felicidad del corazón humano. Y escoge el camino que le ha trazado el Padre: el servicio humilde y la entrega sin límites a los hombres, ser el último y el servidor de todos, aunque ello le acarre incomprensión, desprecio y muerte. ¿Qué camino estoy escogiendo yo para buscar la felicidad? ¿Ante qué dioses estoy arrodillándome para pedirles la felicidad? 3. Y tercer atajo: la gloria mundana, el éxito y el aplauso conseguido del modo que sea. Hastas sirviéndose del mismo Dios: “Si eres hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que cuiden de ti”.... Aturdir a la gente con hechos vistosos, de relumbre, halagarles en todo, para así lograr que lo valoren y acepten. La respuesta de Jesús es tajante: «Está mandado: “No tentarás al Señor, tu Dios”.» No se puede utilizar a Dios, ni querer que se ponga a nuestra disposición, que se acomode a nuestras exigencias. Somos nosotros los que hemos de ponernos a disposición de Dios, acogiendo sus designios sobre nosotros. Es lo que escogió Jesús, el camino de la Resurrección, de la verdadera Gloria, del Triunfo. Y yo, Señor, ¿qué respondo ante la tentación de la gloria y el orgullo? Líbrame de buscar la aprobación del mundo y su aplauso, sometiéndome a sus criterios, acomodando a ellos mi vida... Señor Jesús, que no viva sino de y para el Pasdre, como tú. Que lo mío sea hacer su voluntad en todo, siguiendo tus pasos.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
17/02/2013
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|