Lunes de la 5ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos, terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret, y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron, y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos. ( Marcos 6, 53-56) 1. San Marcos continúa presentándonos a Jesús como el Salvador, que no sólo habla de Dios y su Reino, sino que lo hace presente con su vida y con sus obras. Jesús es testimonio vivo del Reino. Por donde pasa él da vida, sana y libera a los que acuden a él de los malos espíritus y de las enfermedades. Esto sorprende a la gente y la atrae. Hoy vemos que apenas atraca con sus discípulos en Genessaret, la gente se entera y corren a él. Tal vez muchos lo buscan sin que en sus corazones haya germinado aún una fe profunda y no buscan tanto el encontrarse con él como Mesías Salvador, cuanto que sane a sus enfermos. Yo ¿qué busco cuando voy a Jesús?, ¿le busco a él, estar con él y gozar de su amistad, o busco lo que puede darme? A veces también yo te busco, Señor, con una actitud egoísta, interesada. Concédeme la gracia de buscarte por ti, y no por lo que me puedes dar 2. Jesús, aunque no terminan de creer, siempre atiende a los que acuden a él. Sobre todo, a los enfermos y lisiados que se le acercan: los acoge y los sana. Nosotros ¿acogemos a los necesitados que nos buscan, o los rehuimos? ¿Cómo atendemos a los ancianos, a los enfermos, a los marginados? ¿Con qué “cara” los recibimos y atendemos: con cara de gozo, o de disgusto? Nosotros no podremos curar sus enfermedades o solucionar muchos de sus problemas, pero sí podemos hacerles más llevadera la cruz de su sufrimiento, dándoles una palabra de aliento, una sonrisa, un rato de compañía, de escucha, etc. A veces cuesta, Señor, pero, si ellos eran tus preferidos, a quienes más atención dedicaste, ¿cómo no lo van a ser para nosotros? Que no nos duela, Señor, dedicarles tiempo y atención. Danos un corazón siempre abierto a las necesidades de los demás; que nunca les neguemos nuestra atención, aunque ello nos complique la vida. 3. “En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.” La gente le lleva a Jesús sus enfermos, y le ruegan que les deje tocar al menos el borde del manto. Los que lo tocaban curaban. Nosotros también andamos por la vida “enfermos”; pero ¿sentimos necesidad de ser curados? Preguntémonos hoy qué “enfermedad” nos impide vivir más generosamente para Dios y para los demás. Y vayamos a Jesús, no como iban aquellos galileos, sólo impulsados por el interés de ser curados de sus enfermedades, sino buscando algo más profundo: creer en él que es el Mesías prometido, el verdadero Hijo de Dios, que nos trae la salvación integral… Señor, que cada día busquemos “tocarte” en la eucaristía, en la escucha y meditación de tu Palabra, en la oración. Ahí nos esperas para llenarnos de tu vida, para hacernos recobrar las fuerzas y la ilusión para seguir caminando por los caminos de la voluntad del Padre y de la entrega y servicio a los demás.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
11/02/2013
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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