Domingo 5º del Tiempo Ordinario - C
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genessaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Rema mar adentro, y echad las redes para pescar." Simón contestó: "Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes. Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: "Apártate de mí, Señor, que soy un pecador." Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres." Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron. (Lucas 5, 1-11). 1. Jesús está predicando junto al lago. La gente acude y se apiña alrededor de él. Diríamos que tienen hambre de su palabra. Tal vez para que le vieran todos, Jesús sube a la barca de Simón, y le pide que la separe un poco de tierra. Y desde allí, sigue enseñando. Contemplar esta escena, es para sentir envidia de aquellas gentes y preguntarnos si tenemos nosotros esa hambre de la Palabra. ¿Buscamos a Jesús y le escuchamos con la avidez de aquéllos, o somos de los que se cansan pronto de escuchar y de meditar su mensaje, porque “ya nos lo sabemos”?… Señor, dame hambre de tu palabra. Que la escuche siempre como si la oyera por primera vez. Que me deje enganchar por ella. Y que la guarde en el corazón, meditándola, como la guardaba y meditaba tu Madre, María. Y, sobre todo, que realice la palabra, que la ponga en práctica, que la viva. ¿De qué sirve saberla, si no se vive? 2. Cuando Jesús termina de hablar, pide a Pedro que se adentre en el mar y que echen las redes para pescar. Pedro le advierte que han trabajado toda la noche y no han conseguido nada, pero “por su palabra, echara las redes.”. Al bueno de Pedro –experto pescador- la experiencia le dice que no era momento oportuno para la pesca; pero se fía del Maestro y obedece. Y su obediencia no quedó defraudada: la pesca fue tan abundante que tuvieron que pedir ayuda a los de la otra barca… A veces, Señor, después de intentar “pescar toda la noche”, o sea, de luchar día tras día contra mis defectos y pasiones, de hacer todo lo posible para ponerte en el centro de mi vida y de mi familia, y para lograr que tu Reino sea conocido y aceptado por los que me rodean siento el desaliento, porque nada logro: ¿para qué seguir?, me digo... Señor, que en esos momentos escuche, como Pedro, tu palabra: echa de nuevo la red. Y que me fíe de ti y obedezca como él. Que crea firmemente, Señor, que si confío en ti, y “por tu palabra, echo la red”, no quedaré defraudado. La “pesca” será abundante. 3. Pedro y sus compañeros, ante hecho tan prodigioso, ven la fuerza de Dios actuando por Jesús. Y Pedro se siente pecador e indigno de estar junto a él, y se arroja a sus pies y le dice: "Apártate de mí, Señor, que soy un pecador". Y como respuesta, Pedro escucha la invitación amorosa de Jesús que lo anima y lo invita a colaborar con él: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres." Y ellos, dejándolo todo, lo siguieron. También a nosotros nos llamó el Señor un día para estar con él en su comunidad, en la Iglesia, y ser discípulos suyos y continuadores de su obra de salvación. La adhesión a Jesús compromete a continuar su misión haciéndonos “pescadores de hombres”, como a Pedro. En la biblia el mar es símbolo de las fuerzas del mal. Ser “pescador de hombres”, pues, es dedicarse a sacar a los hombres del mar del pecado y de todo lo que los hace sufrir y los destruye en su dignidad de hombres y de hijos de Dios… Como Pedro, también yo, Señor, me siento indigno y pecador; pero tú has querido contar conmigo, a pesar de mi pequeñez y debilidad. Gracias, porque has confiado en mí. Aquí me tienes; aquí tienes mi corazón, mis deseos de amarte y de que todos te amen; aquí tienes mis manos, mi voz y lo poco que valgo y puedo. Dispón como quieras, Señor.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
10/02/2013
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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