Jueves 3ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
«Dijo Jesús a la gente: ¿Acaso se enciende la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo de la cama? ¿No se pone en el candelero? Pues no hay cosa escondida que no haya de saberse, ni hecho oculto que no haya de ser manifiesto. Si alguno tiene oídos para oír, que oiga. Y les decía: Prestad atención a lo que oís. Con la medida con que midáis, se os medirá, y aún se os añadirá. Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, incluso lo que tiene se le quitará.» (Marcos 4, 21-25). 1. La Palabra de Dios, la buena noticia del Reino, se nos ha entregado gratuitamente. Pero no para guardarla cuidadosamente para nosotros solos, y salvarnos. Eso sería poner la lámpara debajo del celemín, un comportamiento estúpido y egoísta. La buena noticia del reino se nos ha entregado para proclamarla a los cuatro vientos, para levantarla en alto, como lámpara encendida para que alumbre a todos los hombres. La fe ha de tener fuerza misionera. Y no la ha recibido de verdad, quien no siente la necesidad y urgencia de transmitirla. En el bautismo Dios nos iluminó con la fe y nos hizo luz para iluminar a los demás. “Vosotros sois la luz del mundo”, dijo Jesús. No lo olvidemos: lo nuestro es iluminar, expandir la fuerza salvadora de la Palabra recibida. Juan Pablo II, recordaba a los jóvenes, lo de santa Catalina de Siena: “si sois lo que debéis ser prenderéis fuego al mundo entero”. Señor, que lo seamos todos los cristianos. Que lo sea yo. 2. Los Apóstoles -y tantos cristianos que vinieron después- no escondieron la lámpara “debajo del celemín”. Y porque la transmitieron de generación en generación, la luz de Cristo -Luz del mundo- ha llegado hasta nosotros. Ahora nos toca a nosotros pasarla. ¿Lo hacemos? ¡Cuántos cristianos andan con la luz apagada o escondida! Y después nos sorprendemos de la descristianización de la gente de nuestro tiempo… Nosotros, ¿qué hacemos con la fe, con la buena noticia del reino que se nos ha regalado: la transmitimos, somos testigos de la Luz para los que conviven con nosotros, nos tratan y conocen?; ¿vivo yo como hijo de la luz?; ¿es la mía una vida iluminada por Cristo: una vida de amor a Dios y amor a los demás, de entrega, de servicio…? “Si alguno tiene oídos para oír que oiga.” Señor, que los cristianos de este generación prestemos oído al encargo que nos has hecho. 3. “Y les decía: Prestad atención a lo que oís. Con la medida con que midáis, se os medirá, y aún se os añadirá. Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, incluso lo que tiene se le quitará.»”. Escuchar la Palabra. Meditarla, rumiarla. Dejar que la Palabra tome posesión de nosotros y nos habite, que haga madurar nuestra fe y dé fruto. Quien esto hace, experimenta que su fe crece y madura, que su vida va cambiando, que cada vez más –y con menos esfuerzo- brotan en ella las buenas obras del Reino, convirtiéndose así en auténtico y luminoso testigo de Cristo. Pero quien no se abre a la Palabra, quien no la acoge y la lleva a la práctica, experimentará que hasta la fe lánguida y rutinaria que vive se le irá muriendo, y, al final, se encontrará con las manos vacías ante Dios. Señor, dame cada vez más hambre de ti, de tu palabra, de tu amor. Que descubra, por fin, que la medida del amor es amar sin medida.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
31/01/2013
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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