25 de enero – Conversión de san Pablo

Paso la palabra. Para meditar cada día
25 de enero – Conversión de san Pablo
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En el viaje, cerca ya de Damasco, hacia mediodía, de repente una gran luz del cielo me envolvió con su resplandor, caí por tierra y oí una voz que me decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Yo pregunté: "¿Quién eres, Señor?" Me respondió: "Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues." Mis compañeros vieron el resplandor, pero no comprendieron lo que decía la voz. Yo pregunté: "¿Qué debo hacer, Señor?" El Señor me respondió: 'Levántate, sigue hasta Damasco, y allí te dirán lo que tienes que hacer. " Como yo no vela, cegado por el resplandor de aquella luz, mis compañeros me llevaron de la mano a Damasco. Un cierto Ananías, devoto de la Ley, recomendado por todos los judíos de la ciudad, vino a verme, se puso a mi lado y me dijo: "Saulo, hermano, recobra la vista." Inmediatamente recobré la vista y lo vi. Él me dijo: "El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, para que vieras al Justo y oyeras su voz, porque vas a ser su testigo ante todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, no pierdas tiempo; levántate, recibe el bautismo que, por la invocación de su nombre, lavará tus pecados."» (Hechos de los apóstoles 22, 3-16)

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: -«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.» (Marcos 16, 15-18)

1.     Hoy celebramos la fiesta de la Conversión de San Pablo. Es la única conversión que celebra la Iglesia. Tanto impresionó a la comunidad cristiana este acontecimiento que sintió la necesidad de celebrarla de una manera especial. Y tanta fue  la importancia que la primera comunidad cristiana dio a esta conversión que el libro de los Hechos de los Apóstoles la narra en tres ocasiones distintas,  y el mismo san Pablo, en sus cartas, alude en varias ocasiones a ella. Y es que este acontecimiento cambió por completo la vida de Saulo. Lo cambió de celoso cumplidor y defensor de la Ley y la religiosidad judías en incansable predicador y defensor del Evangelio, y de furibundo perseguidor de los cristianos, a los que consideraba traidores  al judaísmo, en celoso y enamorado apóstol de Cristo.

2.     En la fiesta de la Conversión de san Pablo, el evangelio nos recuerda el encargo de evangelizar que Jesús dejo a los suyos: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.” Esta es la misión de los cristianos. Si nuestra sociedad está tan sin Cristo, tan sin evangelio, ¿no es porque los cristianos de hoy no les anunciamos a Cristo y su evangelio?  Y si lo hacemos y nuestro anuncio es poco eficaz, debemos preguntarnos si no es porque nuestras vidas no están de acuerdo con lo que anunciamos. Por eso, Señor, hoy ruego con la liturgia de esta fiesta de la conversión de san Pablo: “Oh Dios, que con la predicación del Apóstol san Pablo llevaste a todos lo pueblos al conocimiento de la verdad, concédenos, al celebrar hoy su conversión, que, siguiendo su ejemplo, caminemos hacia ti como testigos de tu verdad.”  Sí, Señor, sal a nuestro encuentro, como saliste al encuentro de Pablo, y conviértenos a tu amor. Así seremos, como lo fue San Pablo,  testigos vivos tuyos y  luz y fuego en medio de la oscuridad de este  mundo nuestro tan olvidado de ti.

3.      La conversión de san Pablo nos la cuentan los Hechos, en la lectura que leemos en la eucaristía de esta fiesta. Se dirigía a Damasco con encargo de prender a los cristianos que allí había. Y en el camino una voz le llama: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Saulo pregunta: "¿Quién eres, Señor?" Y la voz: “Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues." Ante estas palabras de “yo soy Jesús nazareno a quien tú persigues”, Saulo podría haber respondido: “Yo no te persigo a ti,  persigo a los que creen en ti y van por ahí extendiendo tu mensaje.” Y era verdad. A Saulo no se le ocurrió perseguir a Jesús, que, para él estaba muerto. Pero Jesús se identifica con los cristianos, de modo que perseguir  a los de Cristo, es perseguir a Cristo. Aquí aprendió Pablo que Cristo y los suyos son uno: Cristo es la cabeza, y los demás sus miembros. Cristo y los cristianos somos uno, formamos el Cristo Total, que dice san Agustín. De ahí que Pablo proclamara: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús”. (Gal 3, 28) ¿Cómo vivimos nosotros la unidad? ¿Nos duele la división de los cristianos? ¿Miramos a los demás, y los respetamos y queremos como a miembros de Cristo? Señor, que seamos uno como tú pediste al Padre.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

25/01/2013


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