Jueves de la 2ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Jueves de la 2ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: "Tú eres el Hijo de Dios". Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer. (Marcos 3, 7-12 )

1. Frente a la oposición y rechazo de los escribas y fariseos a Jesús y su mensaje, que hemos contemplado estos días anteriores, el evangelio de hoy nos presenta el eco vigoroso de la actividad y el mensaje de Jesús en la gente. Han oído hablar de “las cosas que hacía” Jesús y de todas partes acuden a él. No sólo de Galilea, sino de Judea, de Jerusalén, del otro lado del Jordán, y de las cercanías de Tiro y Sidón. Es decir, gente judía y gente pagana. Y es que ¡cómo llaman las obras! Jesús no sólo anuncia un mensaje liberador, sino que libera. Y las obras que hacía proclamaban que venía del Padre y que su mensaje era de Dios… Lo sabemos todos: la fuerza de la palabra está en las obras que la acompañan. No basta decir cosas maravillosas; hace falta obrar, vivir lo que se enseña. Las palabras pueden conmover, impresionar, pero lo que arrastra, lo que convoca es el ejemplo, la vida. ¡Qué necesidad tengo, Señor, de volver una y otra vez sobre esto, porque fácilmente me quedo en las buenas palabras!

2. Cuentan que en una reunión de curas se preguntaban por la causa de que no “llegara” a la gente lo que decían en sus homilías. Cada uno exponía lo que pensaba: que si el lenguaje usado no lo entendía la gente, que no se preparaban bien, etc.  A uno de los curas que escuchaba en silencio le preguntaron: “Y tú ¿qué dices?” Contestó él: “Yo no sé si la gente entiende o no nuestro lenguaje; pero sí he comprobado una cosa: que la gente no cree hasta que no ve obras...”  ¿No es lo que nos falta, a veces,  a los cristianos? Hablamos de Dios, pero ¿ven las obras de Dios en nosotros? Seguramente muchos de los que oían a Jesús no entenderían lo que decía; pero veían sus obras: Jesús anunciaba un mensaje de amor, y daba amor, era compasivo con los que sufrían,  remediaba su sufrimiento, se preocupaba más de las necesidades de la gente que de su propio descanso... ¡Ah, Señor, si los que lo pasan mal, los que buscan consuelo, los que no ven sentido a su vida, los que viven angustiados… vieran una actitud semejante en nosotros los cristianos…!

3. La gente buscaba a Jesús. Tal vez la búsqueda de algunos no fuera del todo desinteresada. Pero la de otros sería sincera… Nosotros, ¿lo buscamos? ¿Es limpia y sincera nuestra búsqueda?  Nosotros  también hemos visto y oído lo que hace: sana a los que se acercan a él con fe, que los cambia, que los transforma. Vayamos a él con corazón limpio para pedirle que nos sane de cuanto nos impide seguirle más generosamente y vivir su mensaje de amor y misericordia, entregándonos a los que sufren: gente sola, triste, desanimada y abatida, enferma y con otras muchas necesidades... Concédeme, Señor, que mi vida de entrega y preocupación por los que sufren refleje cada día más tu vida entregada. María, Madre de Dios y Madre de los hombres, ruega por mí.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

24/01/2013


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