Domingo 2º del Tiempo Ordinario (C)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo:- «No les queda vino.» Jesús le contestó: - «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»Su madre dijo a los sirvientes: - «Haced lo que él diga.» Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: - «Llenad las tinajas de agua.»Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: - «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.»Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo:- «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora. » Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él. (Jn 2, 1-11). 1. Éste es el primer milagro que nos presenta Juan en su evangelio. Puede resultar chocante que el primer milagro que hace Jesús sea, no para solucionar un problema importante, como sanar a un enfermo o resucitar a un muerto, sino para proporcionar vino a los invitados a una boda. Pero para el evangelista, el vino de las bodas de Caná no es sólo vino, sino símbolo de la fiesta, de la alegría y el gozo de la salvación, que nos trae y hace posible Jesús. La trasformación del agua en vino, expresa el paso de la antigua alianza a la nueva, de la religiosidad la ley a la religiosidad del amor. Es decir, que con Jesús se ha inaugurado una situación nueva, ha empezado una alianza nueva, una religión nueva: la de Jesús… Hay muchos que miran a Cristo como a un aguafiestas y, por eso, temen dejarle entrar en sus vidas, evitan que acuda a su fiesta. Cuando él es el que hace posible la fiesta, la felicidad y el gozo y la alegría de vivir que no acaba. ¿No lo vemos en los que le acogen sin reservas, como Francisco de Asís, el santo que renunció a todo y ha sido el que más alegremente ha vivido? Ojalá nosotros le acojamos en nuestras vidas. ¡Cómo se transformarían! 2. En este primer signo tiene un papel importante María, la Madre. Es ella la que se percata del aprieto en que están aquellos novios y se lo dice a Jesús: «No les queda vino.» Y es que al corazón que ama –como el de María- no se le escapa nada que pueda afectar a la dicha y felicidad del otro. Está atento a todo lo que pueda hacerle sufrir, o pueda enturbiar su gozo. ¿Nosotros amamos a los hermanos hasta el extremo de tener en cuenta los detalles? María, Madre, que el amor a los demás me haga percibir cuanto les haga o pueda hacerles sufrir. Y que busque ayudarles. 3. María es también la que –a pesar de la respuesta aparentemente fría de Jesús-, dice a los criados: «Haced lo que él diga.» A veces pienso en el desconcierto de aquellos criados cuando Jesús les dice que saquen de las tinajas que previamente habían llenado de agua, y la lleven al mayordomo. Pero obedecieron. Y conocemos el resultado: hubo vino nuevo mejor que el anterior, y de nuevo hubo alegría y fiesta. ¡Qué otra sería nuestra vida, si -aun sin ver las cosas claras- hiciéramos lo que nos dice Jesús en su evangelio! Por ejemplo: si fiándonos de él, buscásemos la dicha y felicidad, no en el tener y retener, sino en el compartir; no en tomarnos la revancha, sino en el perdonar y hacer el bien al que nos hace mal, etc. ¿No experimentaríamos que el agua insípida –o hasta amarga- de nuestra vida se transforma en vino sabroso, que llena de una alegría y una ilusión nuevas nuestro hogar, nuestro matrimonio, nuestra familia, nuestra comunidad, etc.? María, Madre, ruega por nosotros para que hagamos lo que él nos diga.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
20/01/2013
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|