11 de enero, Feria del Tiempo de Navidad

Paso la palabra. Para meditar cada día
11 de enero, Feria del Tiempo de Navidad
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Queridos hermanos: ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? .... Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. Quien tiene al Hijo tiene la vida, quien no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. (1Juan 5, 5.11)

Una vez, estando Jesús en un pueblo, se presentó un hombre lleno de lepra; al ver a Jesús cayó rostro a tierra y le suplicó: - «Señor, si quieres puedes limpiarme.» Y Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: - «Quiero, queda limpio.» Y en seguida le dejó la lepra. Jesús le recomendó que no lo dijera a nadie, y añadió: - «Ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés para que les conste.» Se hablaba de él cada vez más, y acudía mucha gente a oírle y a que los curara de sus enfermedades. Pero él solía retirarse a despoblado para orar. (Lucas 5, 12-16)

1.      “¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?”, dice san Juan. El que cree en Jesús y lo acepta como su Salvador, ése vence el mundo en todo lo que tiene de mal, de pecado: de injusticia, egoísmo, insolidaridad, violencia, opresión destructora de la dignidad del hombre, etc. ¿Por qué en nosotros y en nuestro mundo existe tanta cosa mala aún? Juan Pablo II, mirando al mundo y a esta Europa nuestra cada vez más descreída y más alejada de los valores del evangelio, gritaba casi obsesivamente: “Abrid las puertas al Redentor! ¡Abrid las puertas a Jesucristo! No tengáis miedo, ¡abridle las puerta”. ¿No hemos comprobado que, cuando lo hacemos,  nuestra vida personal, familiar y social, cambia: cede el mal y avanza el bien?  Señor, que los hombres de hoy no temamos creer en ti, abrirte las puertas... Que entonces venceremos al mundo.

2.      “Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. Quien tiene al Hijo tiene la vida. Quien no tiene al Hijo no tiene la vida”. Jesús es la Vida. El ha venido para que tengamos vida, la vida del amor, la vida en el amor mismo de Dios.  El que tiene al Hijo tiene la vida de Dios. Y tiene al Hijo el que cree en él, el que le abre las puertas del corazón y le deja hacer. Padre, quiero creer en el Hijo. Fiarme y vivir como vivió él, trabajando para construir el Reino. Así mi vida se iluminará y se llenará de sentido: viviré sabiendo que mi destino no es el fracaso de la muerte, sino la bienaventuranza eterna, conquistada para nosotros por el Hijo. Hoy, Señor, pienso en tantos que andan buscando la “vida”, con un hondo deseo de vivir la vida en plenitud. Sal a su encuentro, Señor, que descubran que tú no eres destructor ni “achatador” de la vida, sino que eres el Viviente por excelencia, eres la Vida. Y en ti pueden encontrar la plenitud de vida que  ansían y buscan.

3.      En el evangelio de hoy aparece Jesús curando a un leproso. El leproso en aquella cultura era un “muerto en vida”, un marginado total. Al leproso se le expulsaba de la sociedad y se le obligaba a vivir en un lugar reservado para ellos. Este de hoy, al encontrarse con Jesús, le pide: «Señor, si quieres puedes limpiarme.» ¡Cuánta confianza en estas palabras, qué hondura de fe en aquél hombre!  No duda, cree firmemente que el poder de Jesús es más fuerte que la lepra que le está matando: “si quieres puedes curarme”, confiesa postrado. Y Jesús, que ha venido a llevar a cabo el programa de liberación del hombre, que veíamos ayer en el pasaje de Isaías leído en la sinagoga, y que ha puesto su vida a disposición de los que sufren, “extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio.»  Y aquel “muerto en vida” se ve libre de la lepra y recobra su dignidad de persona y se reincorpora a la vida de la comunidad, de la que había sido expulsado. Este es Jesús, este es el Hijo que ha venido a salvarnos, a darnos vida; esto es lo que acontece en el cree en él.  Señor, hoy quiero acercarme a ti y suplicarte -con la confianza y la fe profunda del leproso- que me toques y me cures de las “lepras” que me está matando: del egoísmo, de la insensibilidad ante el sufrimiento  y las necesidades de los demás, de la insolidaridad... Señor,  que como tú, ponga  mi vida a disposición de los que sufren, para aliviar su dolor y sacarlos, en lo que pueda, de su  situación de sufrimiento.      

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

11/01/2013


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