9 de enero, Feria del Tiempo de Navidad

Paso la palabra. Para meditar cada día
9 de enero, Feria del Tiempo de Navidad
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros... Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado su Espíritu...  Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. (Juan 4,11-16).

Después que se saciaron los cinco mil hombres, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar. Llegada la noche, la barca estaba en mitad del lago, y Jesús, solo, en tierra. Viendo el trabajo con que remaban, porque tenían viento contrario, a eso de la madrugada, va hacia ellos andando sobre el lago, e hizo ademán de pasar de largo. Ellos, viéndolo andar sobre el lago, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque al verlo se habían sobresaltado. Pero él les dirige enseguida la palabra y les dice: - Ánimo, soy yo, no tengáis miedo. Entró en la barca con ellos, y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque eran torpes para entender. ( Marcos 6,45-52).

1.      A san Juan se le metió tan hondamente en el corazón el mandato del amor fraterno que escuchó de labios del Maestro y los gestos de amor  que vio en él que vuelve una y otra vez sobre ese mandato. Hoy nos recuerda de nuevo por qué tenemos que amarnos: Dios nos amó tanto que nos ha enviado a su Hijo para que pudiéramos entrar en comunión con él: “si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.” Nosotros tenemos que hacer lo que Dios nuestro Padre: amarnos, querernos incondicionalmente, sin reservas, sin medida y sin pero alguno: No podemos engañarnos, sólo el que  ama está en Dios: “Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él...”: ¿Qué mayor gozo y alegría y confianza que ésta? Dios nos ama, somos sus hijos, él está con nosotros y en nosotros, nos ha enviado a su Hijo como Salvador del mundo y nos ha dado su Espíritu, para que vivamos como hijos..., ¿cómo, pues, andar por la vida con el corazón encogido, lleno de temor y desconfianza? Gracias, Padre, por tanto amor.

2.      En el evangelio vemos a Jesús que despide a la gente y a los discípulos y se retira al monte para orar. Ha terminado un día de ajetreo, de trato con los hombres. Ahora busca el encuentro con el Padre en la oración, en el trato íntimo con él, para poner en sus manos su cansancio, sus ilusiones del Reino, su preocupación por los discípulos que no terminan de entender su mensaje y su misión... ¿Es lo que hacemos nosotros? Muchas veces, Señor, mi actividad es excusa para no orar. Hacer, hacer..., pero ¿orar, dedicar un tiempo para estar contigo, para compartir contigo, en diálogo confiado y amoroso, mis ilusiones y desilusiones, mis deseos y planes, mis cansancios y decepciones? No, para eso no tengo tiempo. ¡Es tanto lo que tengo que hacer!... Señor, que no me engañe neciamente. Si no oro, si no siento necesidad de orar, de buscar el trato íntimo contigo, de hablarte de los asuntos que me has encargado, es que ya no son tus asuntos, sino que los he convertido mis asuntos sólo; es que no te amo, sino que me amo. Y así van entonces mi vida cristiana y mi apostolado...

3.      Mientras Jesús oraba, los discípulos se han adentrado en el lago. De madrugada Jesús los ve apurados, remando con el viento en contra. Y va hacia ellos, andando sobre las aguas. En la Biblia las aguas marinas son símbolo de la fuerzas del mal. Sobre esas fuerzas maléficas camina Jesús, las domina. Los discípulos no le reconocen y se asustan. “Pero él les dirige enseguida la palabra y les dice: - Ánimo, soy yo, no tengáis miedo. Entró en la barca con ellos, y amainó el viento”. ¡Cuántas veces en la vida, Señor, me he encontrado “en la noche”, remando con el viento contra, -el viento de la dificultad, de la desilusión, del desánimo, del pecado-  y he temido  perecer!  Pero siempre tú has venido a mí –caminando sobre el mal que me amenazaba- y me has animado: -“Ánimo, soy yo, no tengas miedo.” Y cuando has entrado en la barca de mi vida, ¡cómo han amainado los vientos que tanto me asustaban, y se ha serenado todo! Por eso, Señor, cuando vuelvan esos vientos contrarios, ¿cómo voy a temer, si sé que tú estás mirando mi lucha y que vendrás hacia mí para que no me hunda...? ¡Qué maravillosa confianza pone, Señor, esto en mi corazón! ¡Bendito seas por tanto amor!

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

09/01/2013


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