2 de Enero – Feria del Tiempo de Navidad

Paso la palabra. Para meditar cada día
2 de Enero – Feria del Tiempo de Navidad
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre; y esta es la promesa que él mismo os hizo: la vida eterna… Hijos, permaneced en él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su venida. (1Jn 2, 24-25.28)

Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: "¿Tú quién eres?" Él confesó sin reservas: "Yo no soy el Mesías." Le preguntaron: "¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?" Él dijo: "No lo soy." "¿Eres tú el Profeta?" Respondió: "No." Y le dijeron: "¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?" Él contestó: "Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor", como dijo el profeta Isaías." Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: "Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?" Juan les respondió: "Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia." Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando. (Juan 1,19-28).

1. San Juan, en su Primero Carta, nos habla hoy de las consecuencias de acoger o rechazar a Cristo: “Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre; y esta es la promesa que él mismo os hizo: la vida eterna… Hijos, permaneced en él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su venida”. No se trata, pues, de proclamar en un momento de fervor ante el belén que Cristo ha nacido;  hay que acoger a Cristo y permanecer en él, vivir su vida y anteponerlo a todos y a todo. Esta será la señal de que hemos creído de verdad y lo hemos acogido como nuestro Salvador. Lo contrario es rechazarlo. Y exponernos a quedar “avergonzados lejos de él en su venida.” Señor, Dios y Padre, concédeme la gracia de permanecer en lo que he visto y oído; que siga escuchando y aceptando la Palabra de salvación, a tu Hijo amado. Que lo acoja hasta identificarme con él. Sólo así no quedaré avergonzado lejos de él en su venida final.

2. En el evangelio aparece el Bautista de nuevo. Ante su predicación y vida,  la gente se preguntaba quién sería. Y cuando le preguntan directamente “¿Tú quien eres?”, Juan no intenta quedar bien. Contesta con sencillez: “Yo no soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta. …Sólo “soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor". No teme desencantar a la gente, y, de un manotazo, deshace las falsas expectativas que sobre él se habían forjado. Humildad se llama y es esto. Virtud que nos hace mucha falta. Ante cualquier elogio, o triunfo, ¡qué fácilmente asoman la cabeza la vanidad y la presunción! Y, por el contrario, ¡cuánto nos cuesta asumir los errores o defectos! Señor, dame un corazón humilde y sencillo. Que sepa reconocer lo bueno que tengo y hago, pero también, mis debilidades y fallos. Y que siempre y en todo te alabe y te dé gracias. Porque tú siempre estás conmigo: cuando soy fuerte y cuando soy débil. Tú, Señor,  me sondeas y me conoces... ¡y me aceptas como soy! ¡Bendito seas!

3. Juan no era el Mesías, pero había venido a preparar el camino del Mesías. Con este encargo vino al mundo: pregonar que el Señor venía, que había que allanarle los caminos, que había que convertirse. Y después, presentarlo a los hombres. También ésta es la misión de todo cristiano: anunciar a Cristo con las palabras y las obras y ser presentador suyo ante los demás. Cuántos hay que buscan a Alguien que les salve de sus vidas vacías, que las llene de sentido, que les ayude a encontrar un motivo para seguir llevando la cruz de la enfermedad, del fracaso, de la desesperanza, y que les dé un motivo para vivir… Nosotros lo hemos encontrado, en ti, Señor, ilumínanos, para que te mostremos a los demás como el Salvador que buscan. Que, sobre todo con nuestras vidas de entrega gozosa y llenas de amor, les digamos: “Ése que bus-cáis existe, yo me he encontrado con él, es mi amigo y aquí os lo presento: se llama Jesucristo, y en él encontrareis la paz, el amor, la ilusión y la esperanza que buscáis.”

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

02/01/2013


  • Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
  •