Viernes de la 1ª semana de Adviento

Paso la palabra. Para meditar cada día
Viernes de la 1ª semana de Adviento
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Así dice el Señor: «Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, el vergel parecerá un bosque; aquel día, oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos. Los oprimidos volverán a alegrarse con el Señor, y los más pobres gozarán con el Santo de Israel porque se acabó el opresor…”  (Isaías 29, 17-24

En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando: "Ten compasión de nosotros, hijo de David." Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: "¿Creéis que puedo hacerlo?" Contestaron: "Sí, Señor." Entonces les tocó los ojos, diciendo: "Que os suceda conforme a vuestra fe." Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: "¡Cuidado con que lo sepa alguien!" Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca. (Mateo 9,27-31).

1. Adviento es tiempo de búsqueda del Salvador, de gritar al Señor que venga a salvarnos: “Ven, Señor Jesús,” es el grito repetido de la liturgia. Esto es lo que hacen los dos ciegos del evangelio de hoy: gritan a Jesús: "Ten compasión de nosotros, hijo de David". Observemos que no piden ser curados; sólo piden que tenga compasión de ellos. Es lo decisivo, que el Señor vuelva su rostro misericordioso sobre nosotros, porque la liberación de nuestros males llegará también. Cuando llegan a casa Jesús les pregunta si creen que puede curarlos, y la repuesta es tajante, firme, segura: «Sí, Señor». Y ante tal fe y confianza tan segura, la compasión se hace sanación, liberación del mal: “Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que os suceda conforme a vuestra fe». Y se les abrieron los ojos”. Así se cumplió lo anunciado por Isaías para los tiempos mesiánicos, según leemos en la 1ª lectura: “aquel día sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos”. Señor, aquellos ciegos ni te  habían visto ni habían presenciado tus milagros, pero iluminados por la luz de la fe, “vieron” lo  que otros que tenían vista no “vieron”: que eras el Mesías, el Salvador esperado. Que yo,  a la luz de la fe, Señor, te descubra como mi Salvador, el único que puede darme la libertad.

2. Siempre que alguien acude a Jesús, éste le pide lo mismo: fe, adhesión, confianza segura en él. Sólo la falta de fe puede atar sus manos: “Y no pudo hacer ningún signo porque no creían”, constatan los evangelistas cuando sucede esto. Es lo que nos pide hoy el Señor: creer, confiar en él, en su bondad y en su poder misericordioso. Tal vez, al mirar nuestra vida más detenidamente en estos días de Adviento, nos descubrimos pecadores, esclavos del egoísmo, de la soberbia, de caprichos tontos, de  nuestros planes que no son los planes de Dios, que seguimos dando culto en nuestro corazón a muchos dioses que no son Dios… La tentación a veces es pensar que no tenemos remedio. Y bien sé, Señor, que dejado a mis solas fuerzas así sería. Pero ten piedad y ábreme los ojos del corazón para que vea que tú eres misericordia  poderosa y vienes a salvarme. Que crea, Señor, que, si me acerco a ti y tú me tocas, harás que me suceda conforme a mi fe.

3. Señor, meditando esto, hoy siento necesidad de gritarte como los ciegos: “Ten compasión de mí, Hijo de David.” Ten compasión y abre los ojos de mi corazón, para que descubra mi mezquindad contigo y con los demás. Que descubra, Señor, que sentado en la mediocridad estoy cómodo, pero no soy feliz. Que vea claro qué quieres de mí y que lo acepte. Que en este Adviento descubra cómo servirte a ti más y mejor y cómo hacer lo mismo con mis hermanos. Que, en cada momento, descubra el camino de salvación que quieres que recorra. Que vea que –como dice uno de los prefacios de Adviento- tú vienes “ahora a nuestro encuentro en cada hombre y  en cada acontecimiento.” Sí, ten piedad de mí, Hijo de David que vienes: creo que puedes hacerlo y confío, con todo mi corazón, que lo harás… 

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

07/12/2012


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