Martes de la 34ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: -«Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.» Ellos le preguntaron: -«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?» Él contestó: -«Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien "El momento está cerca"; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero al final no vendrá en seguida.» Luego les dijo: -«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. » (San Lucas 21, 5-11). 1. Hoy comenzamos a meditar el último discurso de Jesús –el llamado Discurso Escatológico-, que nos habla del futuro, del final del mundo. Empieza hablando de la ruina del templo, cuya belleza ponderaban algunos. Todo, en este mundo, es caduco y transitorio. Hasta el Templo, la institución de la que tan orgullosos estaban los judíos y cuya belleza contemplaban y ponderaban los que estaban con Jesús, acabará: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.» Al decirlo a los discípulos entonces y recordárnoslo a nosotros hoy, el Señor nos advierte que no olvidemos que todo lo de este mundo acabará, y nos anima a que -en medio de las dificultades que tendremos en la vida- seamos fieles al Señor y a su evangelio. Tenemos que seguir trabajando, animosos, para transformar las estructuras injustas de este mundo y hacer avanzar el Reino de Dios. Señor, que en todas las circunstancias de la vida, también en los momentos de dificultad, confíe en ti y acuda a ti. Que siempre y en todo te sea fiel. 2. Cuando san Lucas escribe su evangelio, la destrucción del Templo ya había ocurrido; pero el fin del mundo no había llegado. Jesús no dice cuándo será ni que vaya a ser inminente. Sólo dice que un día todo terminará, también nosotros y lo nuestro. En el entretanto, el Señor nos llama a convertirnos a Dios y a trabajar por nuestra salvación y la del mundo. El tiempo se nos da para eso. Hemos de vivir “sabiamente”, haciendo el bien, sin dejarnos atrapar por falsos mensajes, que nos separen de Cristo: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy". “A río revuelto ganancia de pescadores”, dice el refrán. Así ocurre cuando hay cambios y confusión en la sociedad: siempre hay gente que quiere sacar provecho de esas situaciones engañando a los demás. Jesús nos lo advierte, porque no quiere que los suyos caigamos en el engaño de los falsos “mesías” que ofrecerán “caminos de salvación” distintos a los del evangelio. En esta sociedad nuestra ¿no se nos están ofreciendo constantemente caminos de salvación aparentemente más fáciles de recorrer que los de Cristo? Señor, que no caigamos en sus trampas. Sólo tú eres nuestro Salvador. 3. “Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.” El mensaje de este evangelio no es de terror, sino de esperanza: es anuncio de la intervención liberadora del Señor. Este mundo injusto acabará, y surgirán entonces el cielo nuevo y la tierra nueva que esperamos, donde habitarán la paz y la justicia mesiánicas, y donde el mal no tendrá sitio ya. Por eso, Jesús nos anima: “No tengáis pánico”. Cuando el Señor nos recuerda el final, ¿qué sentimientos se levantan en nuestro corazón: de miedo o de esperanza y paz? ¿Qué es lo que más nos anima a ser fieles en el seguimiento de Jesús y a tener esperanza? Señor, durante el tiempo de la espera, tú estás con nosotros, ¿quién o qué nos hará daño?
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
27/11/2012
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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