Domingo 33º del Tiempo Ordinario (B)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 33º del Tiempo Ordinario (B)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»  (Marcos 13,24-32)

1.      En este domingo último del Tiempo Ordinario el evangelio nos habla del final de los tiempos. Y lo hace con palabras que suenan a amenaza para amedrentar. Pero no. Son, por el contrario, palabras que nos llaman a la esperanza, que nos dan ánimo. A veces, ante las dificultades de la vida, y ante los males  del mundo y de esta sociedad tan alejada del  mensaje de amor de Cristo, nos preguntamos: “¿Cuándo acabará esto, Señor? ¿Es que el Mal va a poder con el Bien?” Es la pegunta que siempre se han hecho los creyentes en momentos de crisis y tribulación, cuando la opresión o la persecución parecía que iba a acabar con el pueblo, con la comunidad. Entonces, por medio de los profetas, Dios anunciaba su intervención para poner fin a ese mundo, pero no será un final-catástrofe –como parece expresar el lenguaje tremebundo usado habitualmente en esos anuncios-, sino un final feliz, que avivaba la esperanza y levantaba el ánimo: “Esa situación dolorosa es pasajera, Dios va a va a intervenir y salvará a su Pueblo.”  Es lo que nos dice hoy el Señor con este evangelio: este mundo no está dejado de la mano de Dios, como a veces parece. El Hijo del hombre vendrá  un día, y entonces serán vencidos todos los poderes del mal que nos oprimen y hacen sufrir, y sólo quedará en pie el Reino de Dios, el reino de amor, de justicia, de fraternidad…, que ha venido a implantar…  Los que creemos en Cristo esperamos un final de la historia que será abrirse un futuro de triunfo, de amor y de gozo: “verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos”. Hoy quiero acoger, Señor, este mensaje de esperanza en mi corazón. Y en los momentos difíciles y de desánimo y cansancio avívala en mí, Señor.

2.      Como siempre que el Señor nos habla del final de los tiempos, también hoy nos pone sobre aviso y nos recuerda que no sabemos el día ni la hora en que acontecerá:” El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe…” El Señor vendrá, está viniendo. Hemos de estar vigilantes, atentos, para que no nos sorprenda desprevenidos su llegada. Tenemos que aprender de la higuera: “Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta”. Y para recibirlo, vivir su mensaje, y trabajar para que este mundo sea cada vez más un mundo de amor, de paz, de justicia y fraternidad.  J. Larrea dice: “La esperanza cristiana no consiste solo en mirar al futuro, a la muerte. Los cristianos hemos de ver la vida presente como germen, como inicio de la vida que Jesús nos ha prometido para toda la humanidad y de la que él goza ya con el Padre”.  Señor, que no me despiste ni me duerma. Que viva en la esperanza, pero que mi esperanza sea activa: que espere trabajando, viviendo, construyendo tu Reino.

3.      Señor, en ese caminar hacia el final de la historia no vamos solos. Tú caminas con nosotros. Tú, el Resucitado, que has vencido el mal y nos has abierto las puertas de la patria prometida. Que caminemos por esta tierra con esperanza, sin olvidar que ésta no es más que una etapa pasajera. Que no caigamos en el desánimo, ni en la tentación de vivir aferrándonos a lo de aquí, como si ésta fuera nuestra casa definitiva. Que vivamos esperando y trabajando por la otra, la del cielo, viviendo en el amor y entrega que tú, Señor, nos has enseñado.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

18/11/2012


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