Miércoles de la 31ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles de la 31ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar». ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está  todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío. (Lucas 14,25-33).

1.      No olvidemos que Jesús sube a Jerusalén, el lugar de su exaltación, pero también el de su pasión y muerte en cruz. Le acompaña mucha gente. Pero acompañarle no basta para ser discípulo suyo. Por eso durante el camino les va instruyendo sobre las condiciones para ser discípulo. Como primera condición, el evangelio de hoy recoge unas frases de Jesús que a nuestros oídos terrenos suenan, al menos, como poco cuerdas: “Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.” Así de tajante: para ser discípulo hay que anteponer el amor de Cristo, no sólo a los gustos, proyectos e intereses propios, sino que incluso  hay que relativizar los lazos familiares. Para el discípulo nada ni nadie puede estar por delante de Cristo y su Reino. Él es el Señor. El único Señor. Y en la estima y el amor del discípulo todo lo demás ha de estar por detrás en caso de conflicto... Señor, yo quiero seguirte. Pero veo que, fácilmente, se me cuelan por delante de tu amor demasiadas cosas: afectos, vanidades, bienes materiales, familia, comodidades... Señor, ayúdame. Dame tu gracia para que nada en mi vida esté por delante de ti.

2.      La segunda condición es estar dispuesto a morir con y por el Maestro: “Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío”. Jesús sube a Jerusalén. Allí será crucificado. Seguir a Jesús y llevar la cruz detrás de él significa subir con él a Jerusalén dispuestos a ser crucificado como él. Es realmente algo serio ser discípulo de Cristo. Son serias las renuncias que supone. Pero sólo el necio, cuando encuentra algo mejor, no renuncia con gusto a lo que tiene, para conseguir eso mejor encontrado. Y ser discípulo de Jesús es haber encontrado algo que vale más y nos llena más que lo terreno que tenemos: a Cristo y su Reino. Si mirásemos las cosas así, ¿no se convertiría en gozo cualquier renuncia o sacrifico? Señor, que no tema cargar con la cruz de tu seguimiento.. Que, cuando pese demasiado mi cruz, te mire a ti llevando la tuya. Y tú mírame a mí, Señor. Que entonces se me hará más ligera la mía.

3.      Con las parábolas del que construye la torre y el que va a la batalla Jesús nos invita a reflexionar sobre nuestra disposición para seguirle, para responder a su invitación. Monseñor Oscar Romero, comentando este texto, dice que con ellas viene a decirnos el Señor: "Ponte a meditar tu capacidad de desprendimiento, tu capacidad de cruz. No te estoy ofreciendo yo corona de rosas ni ventajas sociales o políticas. Estoy ofreciendo únicamente la cruz. El que se quiere venir conmigo tiene que estar tan desprendido que el mismo amor a su madre, a su esposa, a sí mismo, no debe ser un obstáculo para seguirme...Sólo los amigos de la Cruz, sólo los que la abracen sin temor a perder amores en esta tierra, sólo los que se entreguen al seguimiento del absoluto, con un sentido, sólo éstos serán los valientes con quienes cuenta Cristo.” Señor, sabes que me da miedo, que soy débil.  Pero con la ayuda de tu gracia, hoy te digo que cuentes conmigo.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

07/11/2012


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