Martes de la 31ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Martes de la 31ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: - ¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios! Jesús le contestó: Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: Venid, que ya está preparado. Pero ellos se excusaron uno tras otro. El primero le dijo: He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor. Otro dijo: Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir. El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos. El criado dijo: Señor, se ha hecho lo que mandaste y todavía queda sitio. Entonces el amo dijo: Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se me llene la casa. Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.  (Lucas 14,15-24)

1.      Jesús y los suyos participan en un banquete. Uno de los comensales, pensando en el banquete del Reino del Mesías, el banquete de la salvación, exclama:“¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!” A lo que responde Jesús con una parábola en la que enseña como Dios invita a todos al banquete de la salvación. Pero, porque somos libres, podemos no aceptar la invitación. Es lo que Jesús veía en los de su tiempo, especialmente en las autoridades religiosas de Israel. Los estaba invitando al banquete del reino, pero ellos se negaban a acudir, a convertirse. A ellos se refiere la parábola que propone: son los primeros invitados que se niegan a acudir, poniendo diversas excusas. ¿Nosotros no desoímos muchas veces las llamadas del Señor? Tú, Señor, me invitas una y otra vez a convertirme, a vivir en tu amor, y yo, apegado a mis nonadas, rechazo tu invitación. Y es que, Señor, sé que aceptarla supondría cambiar muchas cosas de mi vida. Y esto me da miedo. Hoy, Señor, te pido que me ayudes a superar mis miedos; que comprenda que a lo que me invitas es al banquete de la libertad y del amor. Y el cambio vale la pena..

2.      Ante el rechazo de los primeros invitados, el dueño de la casa no se resigna a suspender el banquete y no brindar a otros  la alegría de su fiesta. Por eso,  manda a un criado que traiga a otros que sustituyan a los primeros invitados: “Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.”¡Qué pena, Señor! Los primeramente elegidos han rechazado tu invitación, con excusas mezquinas, como los negocios, el trabajo y la fiesta... Son el símbolo del pueblo de Israel, que se creían los únicos con derecho al Reino del Mesías, pero, porque no aceptaron tu invitación, se quedarán fuera. En cambio, los pobres, lisiados, ciegos y cojos, es decir, los marginados y excluidos de la vida social y del culto, sí aceptan la invitación y participarán en la mesa del banquete del Reino. Y, como aún quedaba sitio, el amo manda al criado: “Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se me llene la casa”. Estos eran los que vagaban por los caminos, fuera de la ciudad, sin derecho de ciudadanía, es decir, los paganos, que no pertenecían al Pueblo de Israel. De modo que en el banquete del Reino del Mesías se sentarán todos los que respondan, sean  judíos o paganos. Las negativas a responder a tus invitaciones, Señor, siguen dándose hoy. Yo sé que soy pobre y pecador y necesitado; sin embargo, ¡a cuántas cosas me agarro y cuántas excusas pongo para no responderte! ¿Hasta cuándo, Señor, continuaré resistiéndome a entrar en la fiesta de tu amor, de la alegría y de la salvación?

3.      En Jesús Israel está recibiendo la última y decisiva invitación para entrar en el Rei-no. Con esta parábola Jesús invitaba a aquella gente a no poner más excusas a la conversión. Y hoy la invitación la hace  a nosotros. Si no escuchamos la llamada del Señor, corremos el peligro de quedarnos fuera del banquete del Señor: “Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete”. Es la sentencia del Señor contra los que se negaron a convertirse. Escuchándola y meditándola hoy, me estremezco, Señor. Dame tu gracia. Que responda prontamente a tus gracias, a tus llamadas; que no me resista más. Convierte mi corazón, Señor. No permitas, que me encuentre entre los que no probarán tu banquete. 

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

06/11/2012


  • Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
  •