Lunes de la semana 30ª del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Lunes de la semana 30ª del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: -«Mujer, quedas libre de tu enfermedad.» Le impuso las manos, y en seguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: -«Seis días tenéis para trabajar; venid esos días a que os curen, y no los sábados.» Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: -«Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?» A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía. (Lucas 13, 10-17).

1. Nuevo enfrentamiento del amor liberador, que alborea en Jesús, con la hipocresía  de la observancia rigurosa y sin alma de la ley. Jesús ve a una mujer enferma, que anda  encorvada, sin poder enderezarse, sin poder mirar “hacia arriba”. Ella no le pide nada. Pero Jesús la ve necesitada, la llama y le dice: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”. Le impone las manos, y la mujer se ve libre del poder del mal, de la enfermedad, y puede enderezarse y mirar “hacia arriba” y glorificar a Dios. De nuevo, ¡qué buena lección de amor auténtico nos da el Señor! Él siempre salvando, librando de la esclavitud del sufrimiento, dando vida. Ante la miseria, siempre se conmueve y actúa, aunque no se lo pidan. Señor, que aprenda tu lección; que, ante el sufrimiento del otro, no me quede mirando y sintiendo pena sólo, sino que actúe, que haga lo posible por librarlo del mal, como tú hacías.

2. En este episodio, ¿no nos vemos también nosotros? ¡Cuántas veces vamos por la vida encorvados, mirando sólo “hacia abajo”, buscando sólo lo material, sin poder mirar “hacia arriba”, a las alturas, para buscar valores más altos, que son los que en verdad pueden llenar nuestro corazón!  ¡Cuánto necesitamos que el Señor se nos acerque amorosamente y nos imponga las manos y nos diga su palabra liberadora: “Queda libre de tu enfermedad”! Entonces lo que antes no lográbamos, a pesar de nuestros intentos y buenos deseos, sentiríamos que ahora podemos hacerlo. Porque, Señor, cuando tú vienes en nuestro auxilio,  nuestra impotencia se hace fortaleza. Señor, cuando me veas flaquear, acércate a mí y cúrame. Y que nunca dude que vendrás, aunque tardes, porque tú siempre vienes en ayuda del que espera en ti.

3. Aquella mujer, al sentirse curada, “glorificaba a Dios.” Pero el jefe de la sinagoga   –¡tan celoso de la Ley!- no sabe ver la mano de Dios que actúa liberando a aquella mujer de la esclavitud del mal y, en vez de alegrarse al ver apuntar el alba  del tiempo de la salvación, se irrita y echa fuera a aquella gente necesitada porque buscan la curación en sábado. Ante esto, Jesús no puede callarse, y denuncia la hipocresía de su religiosidad formalista, que no conoce el amor y la misericordia: “¡Hipócritas!”, les dice. Si ellos, en sábado, llevan a abrevar al asno o al buey, ¿cómo pretenden que él deje de hacer el bien a una persona que lo necesita? Para Jesús la mujer vale más que cual­quier buey o asno, porque es «hija de Abraham», hija de Dios. Jesús guarda la ley, de hecho ha ido el sábado a la sinagoga. Pero entre guardar la ley y socorrer al necesitado, Jesús escoge aliviar el dolor de la persona, que es la mejor manera de cumplir la voluntad de Dios expresada en la ley. Señor, guárdame de la piedad hipócrita y vacía de amor. Que mi culto a Dios vaya unido siempre al amor al prójimo. Que para mí, lo primero sea atender al necesitado, por encima de la tradición, de la conveniencia o la opinión de la gente. Y, sobre todo, Señor, por encima de mi comodidad y de mis intereses.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

29/10/2012


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