Jueves de la 29ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Jueves de la 29ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "He venido a traer fuego a este mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, más bien he venido a traer división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra." (Lucas 12:49-53).

1.      Jesús dice a los discípulos: “He venido a traer fuego a este mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!” La misión de Jesús, el encargo con que ha venido al mundo, es traer fuego al mundo. Pero no el fuego destructor, que querían Santiago y Juan que descendiera sobre los samaritanos que no recibieron a Jesús, sino el fuego purificador y renovador del Espíritu Santo, el fuego que transformará el corazón de los hombres, haciéndoles criaturas nuevas. Este es el fuego quema a Jesús por dentro, y en el que desea fervientemente que arda el mundo. Ya ha empezado a arder con su palabra y sus acciones, pero desea que la venida del Espíritu Santo se acelere para que el mundo arda en plenitud de amor renovador. Antes, sin embargo, es necesario que el mismo Jesús sea sumergido en un bautismo de dolor y sufrimiento y destrucción que le angustia: “”Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!”  Señor, enciende en nuestros corazones ese fuego, que destruya cuanto hay de tibieza, de rutina, de falta de entusiasmo, y nos haga arder en deseos de transformación de nosotros y de este mundo de pecado y de injusticia e insolidaridad.

2.      Añade Jesús: “¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división”. Palabras desconcertantes en labios del que ha sido anunciado por los Profetas como Príncipe de la paz. El tiempo de la salvación se anuncia como tiempo de paz. ¡Y el portador de la paz ahora –cuando se acerca su muerte- dice que no trae paz, sino guerra. Y es que él ha venido a implantar un Reino de amor y de justicia, que ya se ha inaugurado. Hay, pues, que decidirse: o estar con Cristo y su Reino de amor, de justicia, de paz y entrega,  o estar con el mundo y su reino de egoísmo, injusticia, insolidaridad, rencores y odios. Esta opción producirá desunión y discordia incluso en instituciones asentadas en el amor, como es la familia: “En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.” Porque el estilo de vida de los seguidores de Cristo será tan opuesto al espíritu del mundo, que necesariamente incomodará y ocasionará resistencias en los que sigan al mundo.  Por eso,  el que sea coherente con su fe cristiana, pronto se encuentra con la contradicción y el rechazado. Y no sólo del mundo, sino hasta de familiares y amigos. Ahí está el testimonio de tanto mártir de ayer y de hoy. A pesar de todo, yo, Señor, me decido por ti y por tu Reino. Soy débil, pero sé que tú estarás conmigo, sosteniéndome.

3.      J. Suárez pone en tu boca, Señor, estas palabras que oigo en mi corazón hoy: “He venido a prender fuego: a encender las conciencias apagadas, a despejar las mentes embotadas, a levantar los ánimos decaídos, a infundir energía a los abatidos. A eso he venido, a eso os envío: a alentar, a estimular, a reconfortar a los esforzados, a avivar las mechas humeantes, a prender fuego. He venido a prender fuego: el mío es el fuego que arde sin consumirse, el fuego que ilumina a todo hombre y mujer, el fuego que incendia los corazones, el fuego que alumbra en la oscuridad, el fuego que brilla en las tinieblas. A eso he venido, a eso os envío: a arder e incendiar, a brillar.” Señor, sí, préndeme con tu fuego y así podré prender el fuego en los demás.  

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

25/10/2012


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