Miércoles de la 29ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.» Pedro le preguntó: -«Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?» El Señor le respondió: -«¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.» (Lucas 12, 39-48). 1. Insiste hoy el Señor en la actitud vigilante con que debemos vivir. Dice: «Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete» Sería una necedad saber que el ladrón va a venir y dejarle el campo libre para que abra un boquete y asalte la casa impunemente. Así de necios seremos nosotros si, sabiendo que el Señor puede venir en cualquier momento, vivimos despistados, en vez de estar atentos, viviendo el evangelio y obrando el bien, de modo que nos encuentre preparados. Constantemente vemos que la muerte llega sorpresivamente a gente más o menos cercana a nosotros. Jóvenes y ancianos. Pero nosotros seguimos con nuestra vida de tibieza y hasta de pecado, pensando que ya habrá tiempo para cambiar, para empezar a vivir amando a Dios y a los hermanos, como si tuviéramos asegurados muchos años de vida. Pero ¿podremos hacerlo? Dice el Señor:”a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre”. Señor, despiértame del sueño, que cada día y cada momento lo aproveche para preparar el encuentro último contigo, descubriéndote en medio de nosotros en los pobres y en tantos acontecimientos de la vida. 2. Pedro, haciéndose portavoz de los otros apóstoles como en otras ocasiones, pregunta: “Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?” Jesús responde con otra parábola: “¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?” Tal administrador, si ha sido fiel y ha cumplido el encargo que se le ha hecho, cuando vuelva su amo, será dichoso y premiado; pero, si, pensando que el amo tarda, en vez de cuidar a los que se le han encomendado, se dedica a maltratarlos y a malgastar en juergas y borracheras, cuando llegue el amo inesperadamente, lo despedirá, “condenándolo a la pena de los que no son fieles.” La parábola parece directamente dirigida a Pedro y a los demás apóstoles y pastores de la comunidad. También ellos han de llevar cuidado y ser fieles y sensatos si quiere tener parte en el reino. Pero todos tenemos que aplicárnosla, porque, de alguna manera, todos somos responsables de los demás, y el tiempo de la espera para todos es tiempo de servicio, de entrega, de preocupación y de ayuda para que crezcan como creyentes y como personas. No hacerlo es no cumplir el encargo del Señor... Señor, que sea consciente de que no basta vivir yo tu mensaje. He de preocuparme de que lo vivan también aquellos que me has encomendado. Así, cuando vengas, me mirarás con complacencia, y te recibiré con el gozo de haber cumplido tu encargo de cuidar solícita y fielmente de mis hermanos. 3. Termina el Señor con esta advertencia: “Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá”. La medida de la exigencia de Dios será, pues, conforme la medida de los dones que a cada uno nos ha dado el Señor. A mí, Señor, me has dado mucho, ¿qué me vas a pedir? Ayúdame a ser «administrador fiel y solícito» de todos los dones inmerecidos que me has dado: la vida, la fe, una familia cristiana, el conocimiento de ti que he podido adquirir y tantas otras gracias que me has concedido... Que sea buen administrador de los dones, gracias y cualidades que he recibido, sirviendo, amando y entregándome, sin reservas, a ti y a los demás. En definitiva, que sea en todo fiel a mi vocación cristiana, de hijo de Dios y hermano de los hombres.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
24/10/2012
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