Martes de la 28ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Martes de la 28ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa. Él entró y se puso a la mesa. Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: "Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo." (Lucas 11:37-41).

1.      ¡Con qué libertad actúa Jesús! Lo mismo se deja invitar por un publicano que por un fariseo. No teme las críticas. A él sólo le importa buscar al pecador y ofrecerle la salvación. Ante el fariseo que le ha invitado actúa como siempre: se sienta a la mesa sin cumplir el rito de lavarse las manos. Esto escandaliza al fariseo, y Jesús aprovecha la ocasión para  hablarle de la pureza de dentro, la del corazón, que es la que importa a Dios: "Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades.” ES decir, se quedan en el cumplimiento externo de la ley, pero olvidan el espíritu de la misma, el cambio del corazón. Y nosotros ¿limpiamos el vaso “por den-tro” o, como los fariseos, solemos cuidar muy bien lo exterior, lo que se ve,  pero en el corazón ¿qué hay? ¿Hay amor o rutina?; ¿hay perdón o resentimiento?; ¿hay comprensión o crítica y juicio?; ¿hay desprendimiento sincero o vanidad y búsqueda de aprobación? Señor, dame un corazón sincero y limpio. Que ni la doblez ni la hipocresía quepan en él. Que lo que aparece hacia fuera habite también en el interior.

2.      Jesús no rehúye nunca obrar y hablar con verdad. El disimulo no iba con él. Ni le importa el qué dirán ni la incomprensión ni que le abandonen.  El siempre dice y hace lo que ha aprendido del Padre. Sin embargo, ¡qué lejos de esa  sinceridad y coherencia estamos muchos cristianos! ¿Dar testimonio sincero y valiente de nuestra fe en un ambiente no favorable?; ¿opinar y obrar de modo contrario a lo que se lleva en moral o en cuestiones de religión? Pensamos: “Voy a hacer el ridículo…, van a pensar que soy un anticuado”... San Basilio decía que, "de nada debe huir el hombre prudente tanto como de vivir según la opinión de los demás". Pero nosotros, muchas veces, cobardemente, no nos atrevemos a desentonar y nos acomodamos al ambiente. Y menos testigos de Cristo parecemos cualquier cosa. Dame firmeza en mi fe, Señor. Que no  me someta a ser y obrar “como todos”, cuando se trate de algo indigno de un cristiano.

3.      “¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro?" Los fariseos cumplían la “letra de la Ley” estrictamente. Pero no eran capaces de descubrir el “espíritu”  de la Ley. Ellos cuidaban mucho “lo de fuera” -la pureza exterior-,  pero descuidaban “lo de dentro” -la pureza moral- que es la que importa a Dios. Jesús les dice: “Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo”.  La pureza interior se logra con la  limosna de lo que hay “dentro” de los platos y los vasos, es decir, compartiendo sus bienes, lo que tienen para comer. El amor que se traduce en obras es el que hace limpio el corazón. Y esto vale para nosotros: para ser buenos cristianos, no basta cumplir la letra de la ley, eso sería limpiar el plato y el vaso por fuera y dejar la suciedad dentro: el egoísmo y la injusticia. La plenitud de la ley está en el amor: Amar, darnos nosotros y compartir lo nuestro, eso es lo importante. Lo demás es engañarnos y engañar. Señor, cambia mi corazón. Conviérteme. Que ame, como tú amas Y entonces lo tendré limpio todo. 

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

16/10/2012


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