Domingo 27º del Tiempo Ordinario (B)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 27º del Tiempo Ordinario (B)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba:- «¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?» Él les replicó: - «¿Qué os ha mandado Moisés?» Contestaron: - «Moisés Permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.» Jesús les dijo: -«Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne". De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.» En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: - «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.» Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo:- «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.» Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos. (Marcos 10, 2-16)                    

1.      Para  poner a prueba a Jesús,  los fariseos le preguntan con malicia sobre el divorcio: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?” La respuesta de Jesús es invitarles a mirar el proyecto inicial de Dios: “Al principio los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne.  De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»  J. Gafo comenta: “Por eso no son sólo marido y mujer los que se han unido; es Dios mismo quien los ha unido: Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. Y, porque Dios es fiel con el hombre, a pesar de sus deficiencias, también el ser humano debe ser fiel, a pesar de los fallos y deficiencias que tenga la persona amada.” ¡Qué suerte la nuestra, Señor, y qué agradecidos hemos de estar contigo: por pecadores que seamos, por mal que nos portemos, tú siempre eres fiel a al amor que nos tienes, y aunque pequemos, tú siempre nos esperas y nos recibes y nos perdonas! Y éste es el amor fiel que deseas que refleje la unión del hombre y la mujer. Los esposos, siendo fieles al amor que se prometieron en el día de la boda, están llamados ser ante el mundo testigos de la fuerza y fidelidad del amor de Dios a los hombres. Señor, te ruego que la pareja humana unida en matrimonio tomen conciencia de la maravillosa misión que les has encomendado.

2.      Escribe A. Pronzato que “el proyecto divino respecto al matrimonio es un proyecto de amor, vida, armonía, luz, unidad. El encuentro entre el hombre y la mujer es el cara a cara de dos sujetos, de igual dignidad, cada uno “insuficiente”, pero que se realizan plenamente en el don de sí mismos, en la entrega recíproca para el gozo del otro.” Por eso, los esposos cristianos no están llamados sólo a no separarse, sino a ser una sola carne, una sola cosa. Su preocupación,  pues,  no puede limitarse a no separarse. Deben poner sumo interés en alimentar el amor que les llevó a unirse en matrimonio, y crecer, día a día, en la mutua entrega y aceptación. En el matrimonio, no se puede vivir de rentas. Julián Marías escribió: “El amor no tiene historia ni argumento y se inventa cada día; de otra manera se estanca y se corrompe.”  Y L. Evely dice: “Todos los días hay que trabajar para crear el matrimonio. La indisolubilidad no es una almohada sobre la que pueden dormirse los esposos, sino una llamada a hacer cada día su amor más vivo”. Y, sabiéndose, como humanos, débiles y egoístas, los esposos deben orar mucho, pedir a Dios que les haga crecer en la entrega mutua. ¿No fallan, Señor, muchos matrimonios en esto? Y así ¿cómo van a poder  hacer frente a las muchas dificultades que hoy se les presentan?

3.      El evangelio de hoy concluye hablando de  unas madres que le acercan a Jesús a sus pequeños para que los bendiga imponiéndoles las manos. Los discípulos quieren apartarlos para que no molesten. Pero el Señor les regaña: “Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.” Con estas palabras Jesús nos invita a ponernos ante Dios con una actitud filial, de confianza y abandono en su amor. El niño confía en su padre, no discute ni pone en duda lo que el padre le dice, se fía sencillamente.  J. Jeremías decía: “El comienzo de la conversión y de la nueva vida es éste: que el hombre aprenda a llamar a su Dios de modo filial y consolador: Abba (Padre), porque se sabe seguro en él y amado sin límite.” Señor, dame un corazón de niño: limpio, sencillo, humilde, dócil, que confíe siempre en tu amor. Que me sienta seguro y siempre amado por ti.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

07/10/2012


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