Domingo 25º del Tiempo Ordinario (B)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía:- «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaúm, y, una vez en casa, les preguntó - «¿De qué discutíais por el camino?» Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: - «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.» Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: - «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.» (Marcos 9, 30-37) 1. El domingo pasado veíamos que, después de que Pedro confesara que Jesús es el Mesías, cuando éste les dijo que iba a ser entregado y morir a manos de los dirigentes judíos, Pedro se rebeló, y quiso convencer a Jesús de que las cosas no podían ser de ese modo. Y se encontró con el duro reproche de Jesús:”Quítate de mi vista, Satanás. Tú piensas como los hombres, no como Dios…” Hoy vemos hasta qué punto seguían pensando con criterios humanos. Efectivamente, Jesús vuelve a hablarles de que va a ser entregado en manos de los hombres, es decir, que la maldad, la violencia y la injusticia de los hombres lo matarán, pero el Padre lo resucitará, probando así que está a favor de su persona y de su obra. Tampoco ahora los discípulos entienden nada. Y quizás, intuyendo la tragedia que escondían esas palabra, no se atreven a preguntar. Y lo que hacen es enzarzarse en una discusión sobre quién será el más importante, el primero. ¡Qué pena, Señor, tú pensando entregar la vida, y ellos, -y nosotros- soñando en primeros puestos! ¡Tan metidos en el corazón llevaban el afán de sobresalir y de ser más que los demás, que ni siquiera tus repetidas enseñanzas y tu ejemplo han logrado desalojar de él esas ambiciones! Y lo que más me entristece, Señor, es descubrir que en mi corazón también siguen habitando las mismas ambiciones. ¿Hasta cuándo, Señor? 2. Cuando llegan a casa, Jesús les pregunta de qué discutían y, avergonzados, no se atreven a contestar. Jesús aprovecha entonces la ocasión para decirles claramente cómo deben comportarse los que quieran ser de los suyos, y les da la regla de oro de su nueva comunidad: "El que quiera ser primero, que sea el último y el servidor de todos." Es decir, deben seguir el mismo camino que está siguiendo él: camino de abajamiento, de servicio, de entrega hasta la muerte… ¡Qué desconcertados debieron quedar los que soñaban en grandezas y primeros puestos! Y a nosotros ¿no nos siguen desconcertando estas palabras de Jesús? Y es que, entre los valores que más se estiman en nuestra sociedad, no están el ser menos y el servir. Y sin embargo, la actitud de servicio debe ser el distintivo de la comunidad de Cristo. Somos cristianos en la medida en que, con humildad, nos ponemos a disposición de los demás. Y en la medida en que uno se aleja de esta actitud, se está alejando de la comunidad de Jesús y acercándose al modo de pensar del mundo… Señor, que se adentre en mi corazón y guíe todas las acciones de mi vida la actitud de servicio. 3. Finalmente Jesús acerca a un niño, lo pone en medio de ellos, lo abraza y les dice: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.» Con este gesto Jesús refrenda y explica lo que les ha dicho. En aquella sociedad, el niño era signo de indefensión, de pobreza, de no tener derechos, de ser el último. Con ello Jesús nos dice: la actitud de servicio de los que forman mi comunidad debe dirigirse ante todo hacia los más pobres, débiles y desprotegidos. Estos deben ser puestos en medio, ser los primeros. Y cuando en una comunidad se hace esto es cuando Jesús se hace presente en medio de la comunidad, porque él se ha identificado con los pobres, indefensos y desvalidos. ¡Cuántas veces nos lo has dicho, Señor, y nosotros -como los Apóstoles-, sin querer entender! L. Evely dice que no hay ninguna enseñanza tuya a la que los apóstoles hayan resistido con mayor obstinación que la de tu rebajamiento, tu humillación, tu hacerte servidor y tu morir en cruz. Y nosotros, Señor, ¿no somos igual de obstinados?
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
23/09/2012
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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