Lunes 23ª semana Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo. Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico: -«Levántate y ponte ahí en medio.» Él se levantó y se quedó en pie. Jesús les dijo: -«Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir?» Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre: -«Extiende el brazo.» Él lo hizo, y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús. (Lucas 6, 6-11). 1. De nuevo vemos a Jesús en la sinagoga. Había un enfermo entre la gente. Y los fariseos acechan. Conocen a Jesús y temen que de nuevo haga algo extraño. Jesús mira al enfermo, ve su sufrimiento y sus ansias de ser curado y le dice que se levante y se ponga en medio. Y pregunta a los que acechan: “¿Qué está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir?” Los fariseos entienden bien su desafío. Pero callan... ¡Qué distintas actitudes! Jesús preocupándose del enfermo y pensando “hacer el bien”, y los fariseos, en cambio, al acecho para acusarle. Señor, hoy me pregunto cuál es mi actitud ante el hermano necesitado. Y veo que no siempre pienso cómo ayudarle, sino que, a veces, ni me doy por enterado, para evitar complicarme la vida. O pienso que, si se encuentra en esa situación de necesidad, es porque quiere... Señor, dame ojos y corazón de misericordia, para mirar al necesitado como lo mirabas tú... 2. Para Jesús la respuesta a la pregunta que ha hecho no tiene duda: hay que hacer el bien. Y no hacer el bien que se puede es hacer el mal. Es el pecado de omisión del que los fariseos parece que poco o ningún caso hacían. Para ellos, cumplir la ley bastaba. Y nosotros, ¿qué caso hacemos? ¡Cuántas veces nos quedamos en “no hacer el mal!” Hacemos examen de conciencia: ¿no he hecho nada malo?; ¿he cumplido con todo lo mandado? Pues ¡conciencia tranquila! Pero ¿he amado, he hecho el bien que podía hacer? Eso ni nos lo preguntamos. Cuando es lo más importante para Dios. Que no lo olvide nunca, Señor: no me basta no hacer el mal, he de hacer el bien. 3. En la sinagoga de Nazaret Jesús proclamó que había venido para anunciar la buena nueva a los pobres, la libertad a los cautivos, dar vista a los ciegos y dejar libres a los oprimidos… Por eso dice al enfermo: “Extiende el brazo.» Él lo hizo, y quedó curado. Con esta y otras actuaciones suyas, Jesús enseña el verdadero sentido del sábado: que no es para el mero no hacer nada, sino para el culto a Dios, para la oración, para agradecer la creación, y para la alegría de la libertad, pues recordaba la liberación de Egipto, y para hacer el bien. Por eso, Jesús, en sábado, hace el bien y libera de la esclavitud de la enfermedad. Y los fariseos, ante este modo de actuar, en vez de ver en Jesús el Enviado de Dios y sentirse llamados a convertirse y creer, se enfurecen y se preguntan qué van a hacer con él. Tan duro era su corazón. Señor, cuántas veces me has hecho experimentar tu amor y misericordia, y, sin embargo, no me he convertido, sino que he continuado en mi mediocridad y tibieza espiritual. Señor, ablanda mi corazón, hazlo más sensible a tus gracias y llamadas. Que procure purificar mi vida religiosa, de modo que todo lo que haga brote de un corazón que ama, y no, de la rutina u obediencia a unas normas frías.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
10/09/2012
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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