Domingo 23º del Tiempo Ordinario (B)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: - «Effetá», esto es: «Ábrete.» Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: - «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.» (Marcos 7, 31-37) 1. Hoy le traen a Jesús un sordomudo. El se lo lleva aparte y realiza un ritual que debió ser común entre aquellos pueblos: mete los dedos en los oídos y toca con su saliva su lengua. A la vez dice su palabra, que es la que sana: “Effetá”, ábrete. Y los oídos se abrieron y la lengua se desató. Y aquel hombre condenado al silencio y a la incomunicación por su sordera, es reintegrado a la vida de la comunidad. Dice J. A. Pagola: “No es casual que los evangelios narren tantas curaciones de ciegos y sordos. Estos relatos son una invitación a dejarse trabajar por Jesús para abrir bien los ojos y los oídos a su persona y su palabra. Unos discípulos «sordos» a su mensaje, serán como «tartamudos» al anunciar el evangelio”. Señor, ¿no somos nosotros de alguna manera sordos? ¡Cuántas veces oímos tu Palabra, pero no la “escuchamos”, no le abrimos el corazón! Por eso, nos resbala y no nos cambia. Hoy, Señor, quiero dejarme trabajar por ti. Cúrame. Ábreme los oídos a tu Palabra. Quiero acogerla y dejarme cambiar por ella. 2. Pero no sólo somos sordos a su Palabra. Lo somos también para escuchar a los hombres. Sordos para escuchar sus necesidades y problemas. Sordos para escuchar al enfermo que nos pide un poco de tiempo y atención. Sordos para el que está solo. Sordos para escuchar a los de la familia, (a los hijos, al esposa o esposa, etc.) Sordos para tantos… Parece, Señor, que sólo seamos capaces de escuchar la llamada de nuestro egoísmo, de nuestra comodidad, de nuestras apetencias y caprichos… Cura, hoy, Señor, esta sordera mía también. Que te escuche a ti y que tenga un oído muy abierto para escuchar también a mis hermanos. 3. Y además de sordos, somos también mudos. Apenas si sabemos hablar con Dios, orar, alabarle, darle gracias. Ni hablar con nuestros hermanos. Volvamos a J. A. Pagola: “Si vivimos sordos al mensaje de Jesús,…no sabremos anunciar ninguna noticia buena.” ¿Cómo transmitir a los demás el mensaje de amor de Jesús, si no lo escuchamos, si no nos dejamos empapar de él? Son muchos los que, a la orilla del camino de la vida, esperan una palabra de amor, de aliento, de comprensión, de esperanza…, que alguien les diga que tienen un Dios Padre que les comprende y les ama. Y nosotros ensimismados, ocupados sólo en lo nuestro, ni nos enteramos. Di, Señor, tu “effetá”, tu “ábrete”, para que te escuchemos a ti, y escuchemos a los hermanos. Y desátanos la lengua para poder alabarte a ti, Señor, y decir a los demás la palabra que necesitan y esperan de nosotros.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
09/09/2012
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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