Martes 21ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera." (Mateo 23:23-26) 1. Ccontinúan las diatribas –los “¡Ay!”- de Jesús contra los jefes religiosos de Israel, no tanto por lo que hacen, sino por lo que dejan de hacer. Ellos cumplen la ley hasta más allá de lo mandado. La ley mandaba ofrecer al Templo el "diezmo" de los cereales, mosto y aceite. Y ellos pagaban el diezmo hasta de semillas pequeñísimas, como la menta, el hinojo, el comino; pero descuidaban lo verdaderamente importante: la misericordia, la justicia y la caridad con los débiles y pobres, a quienes oprimen y explotan: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad!” Jesús dice que está bien hacer aquello, pero sin olvidar lo otro. En esta incongruencia podemos caer también nosotros: ser minuciosos en el cumplimiento de ciertas normas, ritos y devociones, pero descuidar el amor, la misericordia, el trato justo de los demás, el compartir nuestros bienes con los memos favorecidos, que es lo importante… Y es que, Señor, esto nos complica más la vida que ir a misa o rezar el rosario. 2. Sobre esto de quedarnos en cumplir la ley y olvidar la caridad, San Juan Crisóstomo -aludiendo a por qué, en el juicio final Jesús condena a algunos-, escribe: “Fíjate que ninguno de los condenados es acusado de pecados personales, fornicación, perjurio o cualquier otra cosa, sino sólo de no haber sido útiles a los demás. Yo pregunto: ¿Es cristiano el que obra así? Si la levadura mezclada con la masa no la hace fermentar, ¿es verdadera levadura? Si el perfume no despide buen olor entre los circunstantes, ¿lo podremos llamar perfume?» Señor, a veces examino mi conciencia y la encuentro tranquila porque no he hecho nada malo importante. Pero ¿he hecho el bien? ¿He sido útil a los demás, he amado, servido, perdonado? Entonces, Señor, ¿soy en verdad discípulo tuyo?; ¿puedo dormir con la conciencia tranquila? Señor, que no me haga trampas a mí mismo, ni te las haga a ti. Que sea sincero y juegue limpio. 3. Jesús echa también en cara a los escribas y fariseos que sean tan exquisitos y cuidadosos en lo tocante a la limpieza exterior de los utensilios de comer, como platos y copas, pero apenas se fijen en el contenido, es decir, en si los alimentos se habían conseguido justamente o eran fruto de la explotación del pobre y de las viudas. Y así eran ellos: por fuera, apariencia de personas respetables, estrictas en la observancia de la ley; pero interiormente, el corazón corrompido. Y ¿de qué sirve que la copa esté limpia por fuera, si no lo está por dentro? Jesús les decía: “¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera.” Hoy, Señor, a la luz de esta palabra tuya, quiero mirar dentro de la “copa” de mi corazón. Ya ves, sobra mucho egoísmo, malas intenciones, ambición, resentimientos…, y falta mucha misericordia, solidaridad, comprensión y perdón. Ayúdame, Señor, a limpiar mi “copa” por dentro. Que la vida entregada y santa sólo brota del corazón limpio que ama.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
28/08/2012
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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