Sábado de la 20ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Sábado de la 20ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Entonces Jesús habló a las multitudes y a sus discípulos diciéndoles: En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros,  pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto;  les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llama “maestros”. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro padre, el del cielo. No os dejéis llamar jefes, porque uno solo es vuestro Señor, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»  (Mateo 23,1-12). 

1. Como en otras ocasiones, hoy Jesús denuncia la conducta hipócrita de los escribas y fariseos. Ellos conocían bien la Ley, la enseñaban, eran buenos cumplidores de ella, pero no eran buenos servidores de Dios y del pueblo. Más que la gloria de Dios, buscaban su propia gloria. Su corazón estaba lleno de soberbia y vanidad y, cuando obraban bien, lo que realmente buscaban era hacerse notar y ser alabados por la gente. ¡Qué lejos, Señor, tu modo de ser y de comportarte del de ellos! Yo, por el contrario, sí me reconozco en sus comportamientos. Muchas veces, al hacer el bien, ¿no busco el ser bien visto y que se formen un buen concepto de mí? ¡Qué metido en el corazón llevo el fariseo!... Señor, quiero ser verdadero discípulo tuyo; haz que mi corazón se asemeje cada vez más al tuyo, que era manso y humilde.

2. A los discípulos les aconseja Jesús que hagan y cumplan lo que  los escribas y fariseos enseñan, pero no lo que hacen: “haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.” Ellos hablaban muy bien, pero no hacían lo que enseñaban. A nosotros a veces nos pasa lo mismo.  ¡Qué bien hablamos y aconsejamos! Ah, pero ¿hacemos lo que decimos?...De los escribas y fariseos dice Jesús: “Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.” ¿Y nosotros? Tenemos muy claro lo que los otros deben hacer, y si no lo hacen, los criticamos duramente. Pero cuando fallamos nosotros en lo mismo o en cosas peores, ¡cuántas explicaciones exculpatorias encontramos!... Señor, tu estilo era muy distinto: tú siempre ibas por delante, haciendo lo que enseñabas. Y ¡cuánta comprensión mostrabas siempre con los pecadores!... ¡Qué estupendo, Señor, si en tu comunidad todos actuáramos así! Señor, destruye el fariseo que llevo dentro. Y concédeme ser menos tolerante conmigo,  y más compresivo con los demás.

3. Frente a la actitud hipócrita y vanidosa de escribas y fariseos, Jesús pide a los suyos  que sean sencillos y humildes, sin buscar constituirse en “pequeños dioses” ante los otros: “Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno sólo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos….” Lo de los discípulos de Cristo debe ser vivir la fraternidad y hacernos servidores de los demás. Sin embargo, ¿no caemos demasiadas veces en el orgullo y la autosatisfacción, en la tentación de buscar el puesto más brillante para conseguir que nos admiren y alaben?... Señor, líbrame de esa tentación; que no olvide que sólo tú eres nuestro Señor, y que toda la gloria es tuya. Que no olvide tu consejo: “El primero entre vosotros será vuestro servidor.” Porque “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

25/08/2012


  • Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
  •