Domingo 19º del Tiempo Ordinario (B)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 19º del Tiempo Ordinario (B)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo los judíos comenzaron a murmurar de Jesús, porque había dicho: “Yo soy el pan que ha bajado del cielo”. Decían: «Este es Jesús, el hijo de José. Conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo se atreve a decir que ha bajado del cielo?» Jesús respondió: «No sigan murmurando. Nadie puede venir a mí si el Padre, que me envió, no se lo concede; y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Y serán todos instruidos por Dios. Todo el que escucha al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Esto no significa que alguien haya visto al Padre. Solamente aquél que ha venido de Dios ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y, sin embargo, murieron. Este es el pan que ha bajado del cielo para que quien lo coma no muera». Jesús añadió: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan, vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo». ( Juan 6, 41-5)

1.      “…los judíos comenzaron a murmurar de Jesús, porque había dicho: “Yo soy el pan que ha bajado del cielo”. Decían: «Este es Jesús, el hijo de José. Conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo se atreve a decir que ha bajado del cielo?»”Aquellos judíos habían presenciado la multiplicación de los panes y los peces, y hoy vienen buscando ese pan material. Y Jesús les sale ofreciéndose a sí mismo como pan: “Yo soy el pan que ha bajado del cielo”. Ellos, que creían conocerle bien, pues conocían a su padre y a su madre, se escandalizan y se preguntan cómo se atreve a decir que ha bajado del cielo. Y porque le conocían, no esperan nada nuevo de él.  Cuántas veces nos pasa algo parecido a nosotros. Como dice J. J. Bartolomé, estamos tan familiarizado con él y con su evangelio, que ha dejado de ilusionarnos.  No creemos que pueda decirnos ni darnos nada nuevo, por eso dejamos de prestarte atención. Si permitiéramos que fuera para nosotros el pan de vida para nuestras hambres, nos convertiría en personas satisfechas, por más cosas que nos faltaran. De modo tan tonto nos estamos privando, Señor,  de ti que eres el que puedes saciar el hambre profunda que habita  en nuestro corazón.

2.      "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado…  Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí.” ¿Nosotros escuchamos y aprendemos lo que el Padre nos enseña? ¿Dedicamos tiempo a escucharle? ¿Hacemos silencio para ello?  La escucha del Padre es la que nos pone en camino al encuentro de Jesús, el Salvador que viene de su parte, que vive en comunión con él,  el único que le conoce y le ha escuchado y conoce su voluntad. Dios nos habla de mil maneras y en mil ocasiones: una celebración, el encuentro con un hermano, una enfermedad, la contemplación de la naturaleza, un acontecimiento gozoso… ¡Qué elocuentemente nos habla Dios en esas ocasiones, si sabemos escuchar! Dios y Padre nuestro, instrúyeme y atráeme hacia ti. Encamíname hacia tu Hijo Jesús, el Salvador.

3.      “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo." Cristo es el Pan vivo bajado del cielo. Cuando comemos pan material lo asimilamos y lo hacemos algo nuestro. Pero cuando comemos el Pan vivo, que es Jesús, no lo asimilamos nosotros a él, es él el que nos asimila y nos hace una cosa con él,  nos transforma en él.  Por eso, “el que coma de este pan vivirá para siempre”, como para siempre vive Cristo. Pero no hay verdadera comunión, si no acogemos al Señor que viene. Cuando comemos el pan de la eucaristía, ¿acogemos a  Cristo? ¿Nos dejamos transformar por él y en él? ¿Le dejamos que nos “viva” y nos cambie? Comer el Pan vivo,  que es Jesús, es unirnos al que pasó por la vida haciendo el bien, para asimilar sus actitudes, para vivir sirviendo, amando y entregándonos como. Señor Jesús, que cada comunión me una más a ti. Que yo me deje transformar en ti, de modo que tú vivas y actúes cada vez más en mí y a través de mí.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

12/08/2012


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