Domingo 18º del Tiempo Ordinario (B)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 18º del Tiempo Ordinario (B)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?». Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado». Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: ‘Pan del cielo les dio a comer’». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed». (Jn 6,24-35)

1.       Hoy vemos a la gente que busca a Jesús, que ha huido después de la multiplicación de los panes y peces. Cuando lo encuentran en Cafarnaúm, Jesús desenmascara las motivaciones egoístas por las que le buscan: lo que quieren es más pan para el cuerpo: “Os lo aseguro: no me buscáis porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.” Sabemos bien que el Evangelio es un espejo en el que podemos vernos todos reflejados y denunciados. En el evangelio de hoy  hemos de ver denunciados todos los interese egoístas que nos mueven muchas veces a buscar a Dios. Nosotros nos sentimos impotentes ante muchos acontecimientos: enfermedad, apuros económicos, unas oposiciones, etc. Y entonces nos acordamos de que hay Alguien, Dios, que nos lo puede solucionar esos problemas. Y acudimos a Dios. Y si no nos atiende en la petición concreta que le hacemos, vienen las dudas y las protestas: “Si Dios es bueno y lo puede todo,  ¿por qué no me ha atendido?” Y algunos concluyen que no vale la pena creer ni rezar: “¿Para qué, si no me sirve de anda?” 

2.      ¿Por qué estas reacciones? Porque vamos a Dios por motivaciones egoístas, porque no buscamos a Dios, sino lo que Dios nos puede dar; es decir, no buscamos al Dios de las mercedes, sino las mercedes de Dios. Como los judíos: no buscaban a Jesús, sino el pan que podía darles. Y Dios no quiere darnos nada que sea menos que él mismo. A los judíos que le buscaban les dijo: “Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre». Jesús invita a aquellas gentes - y nos invita a nosotros -  a buscarlo no por lo que nos pueda dar, sino por él mismo. No porque nos puede ser útil y resolvernos los problemas, sino porque es el Señor y merece todo nuestro amor. Señor, que así te ame yo. No para conseguir el premio o evitar el castigo. Eso sería un amor interesado, egoísta. Y eso no es amor. Yo quiero, Señor, amarte desinteresadamente -como me amas tú-, de modo que, como cantó el poeta: “No me tienes que dar porque te quiera, /pues aunque lo que espero no esperara, /lo mismo que te quiero te quisiera.”

3.      A Dios tenemos que ir, no para que tenerlo bien dispuesto hacia nosotros, sino para ponernos a disposición de Dios, para dejarle hacer en nosotros lo que le plazca, para que nos diga qué es lo que quiere de nosotros, para que aniquile ese personaje egoísta, comodón, materialista, rencoroso, orgullo… que hay en nosotros y cree en nosotros el hombre nuevo que busca vivir el amor, la entrega, el perdón, la generosidad, la preocupación por los demás…Cuando le buscamos así, entonces él es el Pan de Vida que nos sacia todas las hambres… ¿Le  buscamos así?

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

05/08/2012


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